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Olga Seco Seco.

Qué postizas son las cenas de empresa

En nada comienzan las cenas de empresa... Qué ilusión volver a reconquistar los ojos del sentimentalismo enlatado. Hay, por lo menos, un par de cosas tremendamente postizas en las famosas cenas: el énfasis en el trato y el excesivo cariño. Vamos a ver, no se trata de reprochar, se trata de pensar. El compañerismo, humilde opinión, es la correspondencia inundada de afecto, que procura el bien común. Y, sin embargo, en algunos casos, es una áspera lección de malos modos y extraviada empatía. Casi siempre la rutina mutila el hermanamiento; de una cosa viene otra, y al final, en muchas empresas adormece el odio. Qué triste es sentirse una severa sombra al lado de un semejante... Por lo visto las cenas de empresa tienen un encanto especial, después de pasar todo el año despotricando del jefe y los compañeros, nos sentamos a su lado, con el cariño inexacto de las cosas perdidas en el balance de la discontinuidad. Pero bueno, muchas veces nos subimos al púlpito de la incongruencia: tampoco pasa nada.

Las personas que apuestan por el compañerismo son crujiente de manzana todo el año. Los despreciadores de las buenas formas durante las cenas de empresa satisfacen la carencia sonriendo. ¿Y acaso no es mejor dejar de ser motivo de soberbia durante todo el año? La grandeza adquiere su fundamento en la buenas formas. No, no es normal llamar "hijo de puta" al jefe, cortarle el traje a un compañero, no dar ni los buenos días en la empresa, y luego ir a cenar, con la ansiosa "esperanza" de un año más...

Ya hemos visto cómo funcionan los afectos que empiezan y acaban el mismo día. Ojalá tengan una lectura conciliadora y admitan nuevos argumentos para pasar el año. Las cenas de empresa satisfacen la tradición. Son conversación de amabilidad por un rato e incluso por dos.

La influencia mimetizante del mes venidero nos arroja contra un sentimentalismo de ocasión. Cada año parece un calco del anterior, con una fidelidad extraordinaria, agrandamos los afectos para en enero volverlos a encoger. Sí, todo es una impresión visual y además contagiosa. ¿Creen ustedes en la alegría de los colores? Pues así se sustrae la influencia: cultivando con acierto el tiempo andado y el que nos queda por andar.

Por cierto, los menús que son fuerza expresiva de cariño, producen buenas reacciones en el paladar y en el alma. Deseo que todas las cenas de empresa sean el comienzo sensitivo de un nuevo destino. Ojalá el compañerismo esté presente todo el año. No, no es necesario titubear, el lenguaje del abrazo lo entiende todo el mundo. Hagan la prueba...

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