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Lo que hay que oír

Yo también fui un "letrasado"

En defensa de los estudios de Letras

Pues sí, yo estudié por Letras, ustedes perdonen. Al terminar el llamado Bachillerato Elemental, opté por Latín y Griego en vez de por Ciencias. Acaso por el pánico que me provocaban las matemáticas, acaso porque desde niño aspiré a ser profe y escritor. Fui, pues, un "letrasado". Los de Letras formábamos un grupito, frente al grupazo de los científicos. Eran clases casi familiares, con el padre enseñándonos a conjugar el verbo "puto" y ganándonos la expulsión cuando lo traducíamos por "yo puto, tú putas, él puta". También alguno se jugaba irse al pasillo cuando aquel venerable anciano contaba que su sobrina era una artesana que bruñía el cuero: "¿Y no podría traerla un día para que la viésemos trabajar en cueros?", preguntaba el aspirante al castigo. Los de Letras no teníamos salida profesional. Los de Ciencias, sí: médicos, no digamos ingenieros. Mi padre levantaba el índice admirativo cuando consideraba los estudios de un amigo suyo, también entrenador de fútbol: "Es Licenciado en Ciencias Químicas". El caso es que un servidor, con sus Letras, se fue ganando la vida honradamente como profe de Lengua y juntalíneas ?tras superar un par de oposiciones y laborar en destinos sobrecogedores, que no todo fue jauja? mientras que no pocos de Ciencias se sepultaban en oficios menestrales, muy nobles y necesarios, sí, pero harto alejados de la biología marina, la arquitectura de rascacielos y la construcción de aeronaves con que soñaban en la adolescencia. Resultó que ser de Ciencias no garantizaba salida profesional inmediata como físico nuclear. Los que hoy matan por convertirse en influencers, youtubers, bloggers o, sobre todo, criminólogos acaso pasen más hambre que antes pasaba un maestro de escuela, mientras que un maestro de escuela futuro quizá coma caliente tres veces al día. Me mata de la risa ver la ingenuidad del personal que piensa ?a la velocidad que va esto? en Youtube o en el propio móvil como armas de empleo masivo de aquí a diez años.

Escucho una doble cantinela: que los de Letras no tienen salida profesional y ?la más peligrosa? que las estudian porque no sirven para otra cosa. Doble mentira. Un grado en Letras puede ser puente para mil empleos, si los hubiere: está demostrado. Los estudios de Letras enseñan a armar el pensamiento con sustancia para rebatir sandeces con fundamento argumental ("Que fueron asesinados millones de judíos en los campos de exterminio es una patraña", "Las mujeres siempre quiseron ser violadas": mongoladas criminales semejantes), a saber que no todo es opinable y que no toda opinión es respetable. No se trata de andar ensoñando todo el día, ya lo sé: no todo es arte, literatura, historia. Pero "lo cierto es que las sociedades necesitan a los productores de bienes prácticos tanto como a los ensoñadores. Una sociedad que solo ensueña perece de inanición. Pero una sociedad que solo produce bienes prácticos se vuelve mezquina" (cortesía de Juan José Millás). Por contra, el Poder insiste en que seamos prácticos, en que los chavales estudien cosas prácticas: ¿cómo esperar que vayan los poderosos a favorecer unos estudios de Letras que cuestionan el discurso único del mercado y sus infinitas bondades, que enseñan a discurrir y discenir y a detectar trolas como trenes, que escarban en el pasado por ver si alguna luz trae al presente y así no andar a ciegas?

Además, ¿no habíamos quedado en que nos vamos a la mierda como planeta y como sociedad, y que esto no va a durar más allá del presente siglo? Entonces, las carreras del futuro ?las carreras prácticas? serán las de construcción y mantenimiento de búnkeres subterráneos, azafato de vuelos a Marte o experta en voladuras de plásticos marinos. Va siendo hora de correr a gorrazos a quienes hablan de "letrasados" y dejar que los jóvenes estudien lo que les guste con aplicación y con esfuerzo y brillantez. Luego ya si eso vamos viendo.

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