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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El contagio

Hace ya bastantes años, algunos de los más afamados interpretadores que ejercían en estos reinos coincidieron en que la desintegración de la antigua Yugoslavia era un fenómeno de casi imposible repetición en Europa. Fundamentaban su tesis -que implicaba una especie de anatema sobre comparaciones en España y el rechazo del término "balcanización"- en la absoluta diferencia histórica entre las zonas, los países, los regímenes y por supuesto la violencia que allí utilizaban para ejercer el "derecho a decidir". Y se excluía el contagio separatista, aún pacífico.

Pero los tiempos cambian. Después de aquello, y tras la crisis de 2007/09 aparecieron en la geografía y la política españolas quienes, desde sus reivindicaciones, se parecían a lo que ocurrió en la zona que Churchill llamó "el vientre blando de Europa", en alusión a su fragilidad estructural. Y aunque los repuntes comparativos parecieron extinguirse, quedaron rescoldos que ahora vuelven a llamear. Empezó con una referencia -plena de ignorancia e insensatez- de Torra a Eslovenia, y ahora se extiende a un manifiesto de partidos separatistas de la vieja Celtiberia. Como dijo el clásico, "porca miseria".

El caso es que, hoy por hoy, aquello de la balcanización parece casi aplicable aquí. Cierto que sin tiros, pero con una violencia que supera los meros límites del orden público y que, espoleada por un puñado de insensatos y dinamizada por grupos que creen estar viviendo otro episodio como el de los nacionalismos en el imperio austro/húngaro, vienen de proclamar un supuesto derecho a decidir sin tener en cuenta ni requisitos históricos, ni condicionantes sociales, ni razones territoriales. Sólo la supuesta voluntad de los "pueblos sojuzgados", como se dijo entonces.

Una parte, electoralmente pequeña, de Galicia está en esa dinámica de contagio con la firma del BNG en el manifiesto al que se ha hecho referencia. Resulta obvio que es su derecho -curiosamente el que le otorga un Estado como el español- mientras se ajuste a la norma que a todos obliga o hasta que reúna, junto a los demás, la fuerza electoral suficiente para modificarla. Pero para muchos ese binomio de condiciones no es precisamente el que los manifestantes parecen dispuestos a respetar porque implican solo a los que respaldan sus tesis, aunque sean minoría.

Desde una opinión personal, ese es precisamente el motivo por el que podría resucitarse el concepto de "balcanización", por ahora reducido a la categoría de "política". Y también por eso se deslegitima desde el punto y hora en que rechaza la participación de quienes conviven con ellos. Y que, porque les atañe, también tendrían derecho a decidir en un proceso que no existe en ninguna Constitución democrática. Que fija un modelo de Estado -el de Derecho- que, como en su día escribiera el profesor De Castro y Bravo, separa a una sociedad ordenada de la asociación de bandidos. Y nadie ha refutado aún al ilustre civilista.

¿Eh??

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