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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El reñidero

Leídos los lamentos del presidente de la Xunta acerca de los evidentes retrasos en la llegada del AVE a Galicia, y lo que pretende ser una respuesta oficial del Gobierno, hay varias reflexiones que hacer, siempre desde el respeto a la opinión de los demás. La primera, que las quejas llegan demasiado tarde por la sencilla razón de que no tienen remedio. La segunda, que lo que dice Fomento, que "llegará" -el AVE- "en tiempo y forma" es imposible en ambos supuestos por la misma razón: hace al menos cinco años que debería haber llegado. La tercera, que es una vergüenza que todo se haya convertido en un reñidero a menos de un mes de las elecciones generales. Acaso por "casualidad".

(Con el resto más vale no soñar. Todo aquello de la conexión sur por Cerdedo, .el enlace por alta velocidad Lugo-Ourense e incluso el remate del itinerario atlántico entre A Coruña y Ferrol y Vigo-Portugal es a día de hoy una quimera. Del mismo modo que casi todo cuanto se dijo acerca del Corredor para mercancías y sus plazos de ejecución quedará ad calendas graecas, y eso en el improbable supuesto de que alguien haya pensado seriamente en llevarlo a cabo. Y no vale afirmar que es pensar mal: los precedentes dan argumentos a cualquier sospecha).

Los añadidos a cuanto dijo don Alberto y replicado el Ministerio han de completarse con una manifestación de extrañeza acerca de la ausencia de cita seria hacia todos los gobiernos que en los últimos veinte años han sido. Porque no solo este de ahora es culpable de retrasos, falsas promesas y compromisos fallidos, sino también los de los señores Aznar, Zapatero y Rajoy, con titulares de Fomento gallegos incluso: don José Blanco y doña Ana Pastor, aunque sus gestiones fueran diferentes. Y en todo ese tiempo solo consta una enérgica protesta -del señor Fraga Iribarne- ante sus afines de Madrid para exigir respeto a la palabra dada.

En este capítulo de quejas, dimes y diretes cabría enviar otros, pero a destinos diferentes: en dirección a Moncloa y San Caetano. Por la ausencia -habitual, dicho sea de paso- de autocrítica e incluso "penitencias". Porque si bien es cierto que las reclamaciones desde aquí han sido frecuentes, no lo es menos que se produjeron, casi todas, más ante gobiernos socialistas en Madrid y los silencios en vez de respuestas se repartieron. En su conjunto, y aunque las responsabilidades no son iguales porque Madrid es responsable de la obra y Santiago no, solo han logrado que este antiguo Reino sea del todo escéptico en el asunto.

En definitiva, que tanto la Xunta como el Gobierno habrían de reconocer, al mismo tiempo que se quejan y replican sobre retrasos, incumplimientos mutuos y todo lo demás, que como dicen las Escrituras hay un tiempo para todo, pero en este caso transcurre sin demostrar un mínimo de seriedad. Y al final solo algo ha quedado más claro de lo que estaba: que Galicia sigue demasiado lejos y Madrid, en exceso ocupado atendiendo con prioridad a otros. Porca miseria, que dijo un italiano listo.

¿O no...?

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