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Pedro de Silva.

No todo está perdido

Al mediodía se produjo el alineamiento de las tres deidades: al Sur, en lo alto, el sol, apretando con fuerza y poder irresistible; debajo, al Sur también, la montaña sagrada, el Mons Vindius, con nieve algo moteada de hombros para arriba, como un manto de armiño; al Norte (el punto de observación) otro monte sagrado, el Sueve (Xove, Jupiter). Bajo ese alineamiento de las divinidades, una intrincada teoría de sierras, picos, cordales, componiendo una apretada caligrafía, y, al fondo de sus pliegues restos todavía de niebla. A la espalda del actuario, muy abajo, pero tan extenso que reinaba con otra forma de inmensidad, el mar, recorrido por unos extraños dibujos y tramas. Quizás el conjunto de signos sea reducible a un complejo algoritmo, e incluso a unas leyes que mandan en las formas, pero unas fórmulas solo nos darían lo que hay, no su sentido. El sentido no es dado, se presiente.

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