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¿Por qué Ucrania y no Rusia?

Oportunismo y argumentos de una iniciativa en tiempo de descuento

Empecemos el cuento por el final: el órdago demócrata a Trump no llegará a buen puerto. Para dejar las cosas claras: el juicio político se pondrá en marcha en la Cámara de Representantes, donde los demócratas tienen la mayoría. Pero aunque las investigaciones en la Cámara avanzasen a velocidad suficiente para no estrellarse contra las presidenciales de noviembre de 2020, naufragaría en el escollo de los dos tercios de senadores que exige una destitución presidencial. Los demócratas de EE UU se saben esta lección de carrerilla, luego resulta palmario que no pretenden destituir a Trump. ¿Entonces?

Esta es una de las preguntas que más se ha formulado en las últimas horas: ¿por qué iniciar un proceso de destitución a raíz de un chivatazo sobre una conversación telefónica entre Trump y el presidente de Ucrania? ¿Por qué no haberlo hecho cuando se acumulaban los indicios de obstrucción a la justicia en la investigación de la trama rusa? ¿Por qué no haber actuado cuando era escandalosa la negativa presidencial a difundir el informe no censurado de la investigación?

La versión oficial demócrata arguye que Trump violó la Constitución el pasado 25 de julio al pedir al presidente de Ucrania, una potencia extranjera, que investigase los negocios en ese país del hijo del exvicepresidente Biden, el precandidato demócrata mejor situado en los sondeos. Y añaden que le amenazó con congelar ayudas militares si no lo hacía, por lo que jugó con fondos públicos en favor de sus propios intereses. Esos habrían sido los elementos que habrían decidido a los demócratas más moderados a dar un paso al que hasta entonces se habían mostrado reticentes.

Los análisis más difundidos sugieren que en esa conversación hay más frases de impacto que en el pesado informe sobre la trama rusa. Informe que, además, se refiere en buena parte a las actividades del candidato Trump, no del inquilino de la Casa Blanca. Sin embargo, no se ha resaltado lo bastante que solo faltan tres meses para que arranque el carrusel de las primarias y que, desde ayer, el juicio político a Trump será un elemento de desgaste básico. Los medios de comunicación son como una tubería: admiten un caudal máximo. Y todo lo que vaya contra Trump resta espacio a Trump.

Si se tiene en cuenta que el magnate perdió en votos las presidenciales de 2016, ese desgaste pudiera ser decisivo para impedir su reelección. Ahora bien, no debe olvidarse que el republicano mantiene incólume desde hace tres años un apoyo popular del 40% al 45%, que enfrente tiene a 20 precandidatos de escaso gancho, que el juicio político le va a permitir numerosas escenificaciones y que parte del electorado moderado es consciente del oportunismo de un órdago que suena a recurso desesperado. Así que no cabe excluir que el acoso a Trump se convierta en un búmeran que le sirva en bandeja una reelección que, a decir verdad, nadie ha descartado nunca.

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