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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las bufonadas

Agotado ya, en teoría porque nunca se sabe, el catálogo de desprecios que de un tiempo a esta parte se le infringen a Galicia -y a otros, pero este Reino está a la cabeza de los perjudicados-, habrá que echar mano de la gramática parda para encontrarle definición a los pintorescos intentos de reparar los daños por parte de sus autores. Intentos verbales, por supuesto, ya que de facto nadie los arregla; y ahí están las "rectificaciones" de dos ministros de peso en el Gobierno central: la de Hacienda, que en un increíble alarde de cinismo preelectoral levanta el supuesto veto al pago de atrasos autonómicos, y el omnipresente de Fomento, Ábalos, que atiende a la vez labores propias del cargo, del PSOE y de las sucesivas campañas electorales. Todo por un precio: el voto.

Metidos pues en la búsqueda de un término adecuado para definir esa actitud, a quien escribe se le ha ocurrido el de "bufonadas". Y para evitar que se indigne alguno de esos que predican el respeto a las instituciones pero sólo lo practican cuando les conviene, procede recordar que una de las acepciones de esa calificación corresponde a las "gracias" que en las cortes antiguas decían los bufones para tener alegres, o al menos sosegados, a sus superiores. Por eso la definición pretende ser más gráfica -como mucho, despectiva- que irrespetuosa.

Sea como fuere, parece claro que cuando el ministro de Fomento, tras visitar obras del AVE Madrid/Galicia -en la frontera con la Meseta- dice que ese tramo entrará en servicio "en próximos meses", sin especificar, el anuncio suena a tomadura de pelo. Sobre todo si se recuerda que fue él, Ábalos, quien juró y rejuró desde el Gobierno parido en la moción de censura -y en momento en el que todavía no se había inventado la excusa de lo de "en funciones" para justificar, o intentarlo, los incumplimientos-, que la cosa iría "en 2019, y punto".

Peor aún es lo de la ministra de Hacienda. La señora Montero, en flagrante contradicción con la "imposibilidad legal" que alegaba para negar el abono a las autonomías, unos 700 millones a Galicia, ahora -hale hop, como el circo- olvida el supuesto informe contrario de la Abogacía del Estado, y decide pagar. Ya se verá si lo hace, pero en todo caso solo sería la mitad, con una confusa explicación -no admite que se trata de electoralismo, claro- sobre los motivos. En todo caso, la Xunta ya ha dicho que eso es, sencillamente, una trampa, y tiene razón.

(P. D. Tras todo lo descrito, no deben quedar sin comentario -desde la opinión personal- las tres reacciones que sobre "lo de la financiación", se han conocido tras el enésimo cambio de opinión de la señora Montero. El presidente Feijóo insistió en que hay que pagar lo que se debe. La portavoz nacional del BNG afirma que ha de protegerse el interés general del país y reclama un pacto de todas las fuerzas políticas para conseguir la justicia fiscal de dar a cada uno su derecho. Y, además, aparece el secretario xeral del PSdeG empecinado en un intento de defender a toda costa al Gobierno central negando lo evidente y cargando sus efectos a otros. Y lo triste resulta que parece convencido de que eso refuerza su papel de outsider ante la ciudadanía gallega. Caramba.

¿No??)

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