Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

José Manuel Ponte

inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Otra vez la "pérfida Albión"

El gran periodista catalán Agustí Calvet (Gaziel) dejó escrita en sus clandestinas Meditaciones en el desierto (1946-1953) esta reflexión: "Inglaterra siempre va a su aire". Y se refería, el que fue director de "La Vanguardia" hasta el comienzo de la Guerra Civil, a la actitud de la diplomacia británica respecto del régimen del general Franco al que permitió pervivir pese a las evidencias de su colaboración con la Alemania nazi y la Italia fascista.

"Ha resultado imposible convencerla -escribe Agustí Calvet- de que la dictadura militar española será a la larga tan nefasta como la anterior anarquía o incluso más". ¿Y cómo explicar la contradicción de que una democracia parlamentaria tan antigua contribuya a apuntalar un régimen totalitario? "Si queremos entender la política exterior inglesa -continúa con su razonamiento el periodista- no hay que preguntarse nunca si Inglaterra hará esto o aquello pensando en el bien de la humanidad, o de Europa, o de un pueblo oprimido, o de un derecho burlado, o de una causa justa. Inglaterra siempre hará o dejará de hacer algo según convenga (o según le parezca que conviene) a su estricto interés del momento; y, dado que ese interés varía como el viento del mar, la política exterior británica salta con increíble presteza, casi cínica, de un cuadrante a otro, y al parecer también cambia de manera continua y se contradice a sí misma, y ahora dice blanco y luego negro, desconcertando y defraudando a todo el mundo. De ahí su fama de pérfida".

La idea sobre la perfidia innata de los británicos está muy extendida y tiene una larga tradición: Felipe II ya hablaba de ella y Napoleón contribuyó decisivamente a popularizar la expresión que tiene su causa en los blancos ('albos') acantilados de Dover.

En la España franquista (que no era precisamente anglófila) el término gozó de un cierto auge. Especialmente después de los Campeonatos del Mundo de Fútbol (1950) que se celebraron en Brasil. España jugó en la fase final contra Inglaterra, que entonces todavía gozaba del prestigio de ser la nación que había inventado el fútbol. El equipo español se impuso por 1 a 0 al británico con el famoso gol de Zarra, aquel que inmortalizó el relato radiofónico de Matías Prats. Al término del encuentro, el locutor entrevistó al presidente de la Federación Española de Fútbol, Armando Muñoz Calero, en medio de un ambiente de enorme euforia. "¿Algún mensaje para el Caudillo?", preguntó Matías Prats. "Sí -respondió, cuadrándose a miles de kilómetros de distancia de Madrid el jefe de la burocracia futbolística española- hemos vencido a la pérfida Albión y le dedicamos gustosos la victoria". La declaración rebotó en todos los aparatos de radio y en todos los medios de prensa españoles y llegó a la embajada de la Gran Bretaña en Madrid, cuyo embajador presentó una nota de protesta ante el ministerio de Asuntos Exteriores. Como consecuencia de todo ello, Muñoz Calero fue cesado.

Viene a cuento todo esto de la decisión del primer ministro británico, Boris Johnson, de cerrar temporalmente el Parlamento para impedir que la oposición presente iniciativas legales que pudieran impedir una salida a lo bruto de la Unión Europea. Eso y negarse a pagar los miles de millones de euros de la correspondiente indemnización.

Compartir el artículo

stats