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Faro de Vigo

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Enredados en la posidonia

El Govern muestra contradicciones sobre la importancia de cuidar esta planta marina a la que ha dedicado un decreto, y que ahora se retira en sa Ràpita como si fuese basura por motivos de seguridad

Sostenía en un vídeo a principios del verano el líder de Vox en Balears, Jorge Campos, que la playa de sa Ràpita es un "lodazal" impracticable por la acumulación de algas, denuncia en la que coincidió el Fomento del Turismo, que se manifestó en el lugar con pancartas en las que se leía "las algas son tóxicas y producen malos olores". Mi hijo, cuya clase de primero de Primaria eligió como tema de su proyecto "El mar", no pierde ocasión de repetir que la posidonia no es un alga, sino una planta.

Tienen suerte los niños de ahora, que reciben buena información sobre el mundo en el que viven desde pequeños. A mí nadie me explicó los infinitos beneficios que la posidonia aporta al medio marino, oxigenando el agua y sirviendo para evitar la pérdida de arena en los sistemas más frágiles cuando muere y forma barreras; era ignorante y me molestaba despegármela de los tobillos. He ido conociendo su importancia por las campañas ecologistas, los distintos proyectos internacionales que miran por la recuperación de las praderas esquilmadas en el Mediterráneo, y gracias al decreto de protección que aprobó con gran alharaca el Pacto de Progreso la pasada legislatura. Una norma que se exhibió como una medalla en campaña electoral hace un par de meses. De ahí la sorpresa al conocer que el mismo Govern ha acabado por claudicar ante la claca terraplanista y ha permitido retirar los restos vegetales de sa Ràpita.

La ultraderecha dice que las tumbonas son la especie susceptible de protección en la costa de Mallorca y la izquierda, amén.

Pese a disponer de toda una Conselleria de Medio Ambiente, donde se esperaría encontrar cualquier competencia relativa a la preciosa planta en peligro, no ha partido de ella el informe que ha permitido quitar con excavadoras la acumulación de posidonia, incluida la húmeda, algo que prohíbe el decreto. Ha venido de la dirección general de Emergencias e Interior, a cuyo mando se halla el coronel Jaime Barceló, anterior jefe de la Guardia Civil, natural de Campos. Un "traje a medida" de los intereses de los concesionarios de la explotación de la playa, según los conservacionistas del GOB, que aduce motivos de seguridad. Los socorridos motivos de seguridad lo mismo te sirven para despejarles las vistas a los chiringuitos, que para convertir en autopista la carretera del pueblo. De manera que la desdichada posidonia compromete tan gravemente la integridad de los bañistas que ha de intervenir el séptimo de caballería, el que nunca llega cuando las lanchas y las motos de agua campan a sus anchas; el que no se entera cuando las caravanas y los quads se meten en los frágiles sistemas dunares.

La posidonia sobra en su lugar natural. Cuando se está facilitando el acceso en coche de miles de turistas a uno de los últimos paraísos que quedan en la isla, cabe calcular qué porcentaje de los que apoquinan la generosa tarifa de aparcamiento valorará la belleza y la importancia de esta planta marina, y cuántos se conformarían con un chapuzón en aguas cristalinas, poniendo la toalla en arena sedosa o contratando hamaca y sombrilla. El Govern ha renunciado a mostrar a visitantes y locales que es normal encontrar posidonia donde hay vida y belleza, lo demás son postales del parque temático. Luego esgrimirá un puñado de multas impuestas a barcos de lujo por arrancarla con el ancla y asunto olvidado. Hoy planta, mañana alga.

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