11 de agosto de 2019
11.08.2019
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Galicia, un paraíso para todo el año

11.08.2019 | 03:08
Vista de la cascada de O Ézaro. // FdV

El sector turístico sigue aumentando su peso en Galicia con crecimientos positivos consecutivos en los últimos años. En el primer semestre rompió la barrera de los 2 millones de turistas, lo que supone un incremento del 6,4%, y las pernoctaciones escalaron siete puntos. Aunque la media será también positiva, la marcha de la campaña estival se está viendo condicionada por la climatología variable si bien los emplazamientos estrella siguen con alta ocupación. Con todo, el principal problema radica en la excesiva estacionalidad que, pese a los avances logrados, persiste verano tras verano. Galicia lo concentra casi todo entre mediados de julio y agosto y vuelve a repuntar en Semana Santa. El resto del año recibe un flujo de turistas todavía insuficiente para que a muchos establecimientos no les resulte gravoso permanecer abiertos. Convencer a nuestros visitantes de que Galicia es un paraíso natural todo el año continúa siendo la clave de bóveda para evitarlo.

El turismo crece en Galicia de forma sostenida, hasta el punto de haberse convertido en un sector boyante de la economía gallega. Su peso en el PIB alcanza ya el 11% y da empleo a 127.000 personas. Empero cuanto más aumenta la actividad, más evidente resulta que su principal obstáculo para seguir creciendo estriba en esa acusada atomización en pocas fechas. Hacer que el sector pueda seguir funcionando todas las estaciones del año y, consecuentemente, evitar que los puestos de trabajo se pierdan es el gran objetivo. Está habiendo resultados positivos en el ambicioso desafío de corregir esa tendencia diversificando la oferta, pero queda aún un trabajo ímprobo por delante para lograr el viraje pretendido. Hoteles que ponen el cartel de completo de mitad de julio a mediados de agosto y en Semana Santa apenas logran cubrir gastos en otras épocas del año, cuando no se ven obligados a cerrar temporalmente.

El excepcional desarrollo del turismo en Galicia también es consecuencia, en buena medida, de la profesionalización paulatina del sector y de una nada desdeñable capacidad de renovación, premisas de obligado cumplimiento, aunque no las únicas, sobre las que es necesario persistir para contribuir a un modelo de negocio competitivo y sostenible. La modernización debe ser una constante. Reforzar la calidad es imprescindible para mantener el crecimiento y resultar atractivos. La gran vitalidad demostrada por el turismo en la última década debe ir siempre de la mano de un programa del que participen todos los agentes implicados que evalúe prioridades, posibilidades reales y determine con claridad sus objetivos con los pertinentes compromisos presupuestarios.

Galicia funciona cada vez mejor como reclamo turístico. Sus grandes joyas, como las Rías Baixas, los diferentes caminos a Santiago, la Ribeira Sacra, su gastronomía, su cultura, continúan siendo el principal atractivo, que no el único. Así mejora también el tiempo medio de estancia, la media de gasto por persona y día, aunque todavía estemos lejos de la media del Estado. Y queda mucho por ganar si se intensifica la captación de turismo extranjero, un filón con recorrido por explotar, con acciones conjuntas, coordinadas y estratégicas.

El atractivo de Galicia aumentará en la medida que se sigan mejorando los servicios que prestamos a nuestros visitantes, también las conexiones, y se incrementen las posibilidades que les ofrezcamos de ocio y diversión. Nuestro territorio atesora una oferta global de primer orden, capaz de satisfacer a los públicos más diversos. Todavía demasiado atomizado en la procedencia de nuestros visitantes, mayoritariamente nacionales, la conquista de nuevos mercados en el exterior se hace indispensable para robustecer al sector. Los resultados conseguidos con las campañas en marcha reflejan bien a las claras el valor seguro de esta estrategia.

El exitoso eslogan de "Galicia Calidade", como marca diferenciada que agrupa las múltiples excelencias de nuestra tierra, debe seguir potenciándose como seña común de nuestro variado patrimonio natural, histórico, cultural y gastronómico. La Galicia atlántica y la del interior es rica y diversa en atractivos, singularidades todas ellas complementarias entre sí. Unificar esfuerzos para la captación de turistas siempre resulta beneficioso para muchos concellos por su gran interrelación. El caso de Turismo Rías Baixas es un buen ejemplo de las ventajas de compartir atractivos de todo tipo, de sol y playa, de mar y tierra, de cultura y gastronomía, y de irradiar influencia de la mano de un proyecto en común, que debe seguir desarrollándose. Que las cosas se estén haciendo bien, a juzgar por los balances y las expectativas, no significa que no se puedan hacer mejor porque no se agotan ahí las posibilidades.

Galicia no puede aspirar a vivir del turismo como Baleares. La incidencia que este sector puede alcanzar en la economía regional no es posible que se equipare con la de comunidades españolas punteras turísticamente. Pero aún existe mucho margen para el desarrollo, así que el objetivo debe ser exprimir al máximo sus potencialidades. Para ello es imprescindible transmitir la idea de que las fronteras del paraíso natural se extienden más allá de los períodos oficiales de vacaciones y que, aún sin sol, la comunidad merece ser visitada y conocida a fondo en cualquier época del año.

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