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Olga Seco Seco.

Qué falacia son las bodas

Advierto que algunos días forcejeo con el pensamiento, se empeña en buscar holgura en las palabras, sin percatarse que la definición precisa es la antítesis de pensar.

Le podemos dar nombre a todo, cada palabra suele reclamar su significado..Sabido es que las palabras producen más dudas que certezas, en cuestiones de amor, preferimos ventilarlo con palabras mejor que con silencios... Ayer he ido a una boda, admito mi simplicidad. Mientras los novios se casaban, yo estaba pensando en Thales de Mileto: el primero que escribió sobre la inmortalidad del alma -"Yo os declaro marido y mujer"-.

Vaya, ya viene el momento del beso. Con esperanza abrí los ojos de par en par, abandonada a la suerte, no tenía las gafas, en lontananza dos pamelas y entre ellas pude ver el beso... Interiormente seguía con Thales, exteriormente estaba rodeada de palabras, algunas sonaban bien, otras estaban entre la novela y el poema, pero no aprecié ningún silencio de amor. Las palabras son similares a las obras de teatro. En el escenario se echan a perder. ¿Para qué sirve decir: "Te quiero, hasta que la muerte nos separe", si luego las relaciones acaban igual que el rosario de la aurora?

El amor, el verdadero, no habla. No reclama nada, no se traiciona a sí mismo, no grita te quiero en cualquier esquina. Suena extraordinariamente bien entre el silencio. Es libre y es franco.

Pensamiento, busca el silencio, ahí encontrarás el instrumento para tocar la reflexión. ¿Ves la nota desolada? Suena extraordinariamente bien... El alma no habla, pero va del brazo de la eternidad al altar. Facilitándole los silencios al día encontramos sin esfuerzo la reflexión.

"¿Se amarán y se honrarán uno al otro como marido y mujer por el resto de sus vidas?" "¿Prometes serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarla y respetarla todos los días de tu vida?" .

Así comienzan los matrimonios, poniendo sobre un pedestal promesas que se chocan contra la blasfemia del tiempo. Muchas relaciones nacen jalonadas con el balbuceo de la juventud, todo principio es un iniciación. A determinadas edades todos hablamos la misma lengua simbólica: la inexperiencia. Numerosas relaciones terminan añorando el sueño voluptuoso de la libertad. Sí, muchas separaciones se finiquitan entre el despertar ojeroso de la promiscuidad; a día de hoy saboreamos mejor un cubata que el amor.

Los seres humanos somos cambiantes, por supuesto, pero en el silencio de cualquier vínculo está el humilde amor. Las relaciones de pareja no están viviendo su mejor momento, considero que las redes sociales y whatsapp están haciendo mucho daño al porvenir de las parejas. Todo es contradictorio...

En el trance alucinatorio de las redes sociales encendemos la elocuencia de la ilusión; echando a un rincón a nuestro entorno le rendimos tributo al abandono. Hablamos con personas que están lejos y a los que están cerca les damos de lado...

Creo en el amor, el único que me prestará su auxilio si enfermo; el mismo que me abrirá los brazos antes de ver el zócalo de la vejez, el que me contempla a través del roce, el cariño y la mirada. Creo que el amor nos da valor para recorrer el cementerio a pie.

Ah, por cierto: "¡Vivan los novios!".

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