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EN CANAL //

Antonio Rico

En el gueto

Ha muerto Alejandro Milán, y, aunque era solo una persona, con él ha muerto toda una multitud. Se trata de una multitud formada por grandes personajes que durante décadas nos acompañaron en la tele y que creíamos inmortal porque eran marionetas. Marionetas encantadoras, divertidas y sandungueras, pero marionetas. Pues, ya ven, aun así, se han muerto. Y no es la muerte de Milán -su padre, su creador, su demiurgo, su espíritu vital, su aliento- lo que los ha matado. Eso solo cerró la tapa del ataúd.

Milán estaba detrás de esos personajes vivarachos y heterogéneos con cuerpo -a veces solo medio cuerpo- de fieltro, gomaespuma, cola y papel de periódico que poblaron durante décadas los programas que TVE hacía para todos. Y cuando digo todos, digo todos. Los niños podían verlos por las tardes en "La cometa blanca", en "Un globo, dos globos, tres globos" o acompañando a Gaby, Fofó y Miliki en "El gran circo de TVE". Y los adultos también. Además los niños podían verlos los sábados por la mañana en "Sabadabadá" o en "La bola de cristal". Y los adultos también. Por las noches, eran los adultos los que podían verlos quedándose hasta tarde (hasta lo que entonces se consideraba tarde) para saber qué premio se llevaban en el "Un, dos, tres... responda otra vez". Y los niños también.

Eran años en los que TVE era generalista de verdad porque no quedaba otra: era la única. Los niños y los adultos veían la misma tele. Así que no era raro que los adultos conocieran a Horacio Pinchadiscos, a Paco Micro, a los Electroduendes o a los tigres y leones que querían ser los campeones con Torrebruno. Y también los niños veían en el "Un, dos, tres" a Mayra charlar con la calabaza Ruperta de Alejandro Milán. Hoy vemos la tele por separado sin saber unos de otros. Hoy cada uno elige en qué gueto vivir libremente encerrado. Hoy aquella televisión y los personajes trasversales que la habitaban están muertos.

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