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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La normalidad

El retorno del señor Sánchez Bugallo a la alcaldía de Santiago tiene un valor político evidente pero, al decir de algunos observadores, también otros, colaterales, que podrían resultar beneficiosos para toda Galicia. Resultaron evidentes en el Día de Galicia, cuando el primer munícipe de la capital del Reino volvió institucionalmente a donde solía. Dicho sin pretender un dibujo estrecho del cargo, sino al contrario: reconocer lo que hay en él de integrador y, por tanto, cuanto puede aportar ese puesto. Aquello que aconsejaba Felipe II a modo de norma de buen gobierno: en primer lugar, procurar el sosiego de las buenas gentes.

En ese sentido, no son pocos los que reconocen en el señor Bugallo un espíritu integrador propio de algunos otros grandes alcaldes de Santiago que le precedieron. Verbigratia el de su correligionario Xerardo Estévez, un hombre de izquierda socialdemócrata, que supo entender y aplicar el sentido común a la política a partir de la idea de que sus oponentes no han de ser enemigos. Algo sencillo para quienes tienen en la cabeza una idea moderna y eficaz del sistema de libertades en el que vencer es importante, pero convencer aún lo es más.

Ese espíritu, que en opinión de quien esto escribe, es también el del alcalde actual, podría -si hay suerte y persevera- "contagiar" a la sociedad gallega. De forma parecida pero en dirección contraria a la radicalización y el frentismo que ahora mismo es la tónica, perversa, con que se practica aquí la política. El señor Bugallo representa la normalidad democrática institucional, sin alharacas, estridencias o supremacismos; y en ese sentido es deseable, para todos, que su actitud marque un rumbo que, aún no de forma mimética, sigan otros referentes de la actividad pública gallega e incluso en la española.

En este punto, y sin otro ánimo que interpretar los hechos, puede aportarse al argumentario expuesto un dato: la derrota del anterior alcalde, señor Noriega, podría deberse no tanto a defectos de gestión cuanto a la miopía política. Porque no acabó de entender que el sentimiento hace ciudad. En Compostela, ese vínculo es la propia condición de Santiago, Patrimonio de la Humanidad por lo que representa: una fe que, sin necesidad de profesarse individualmente, hizo realidad ese patrimonio y que lo conserve no como reliquia, sino como un tesoro.

Dicho cuanto precede, que responde como siempre sólo a una opinión personal, y en la misma línea, debe citarse la concesión de las Medallas de Oro de Galicia a los expresidentes de Asturias y Castilla y León así como la presencia en el acto de sus sucesores. Porque sean cuales fueren los resultados de la llamada "alianza del Noroeste", el hecho mismo de que exista y la integren comunidades con gobernantes de diferentes partidos, demuestra que, frente a lo que muchos niegan, es posible que los rivales se entiendan y colaboren en proyectos comunes. Iniciativa, y es justo recordarlo, que firmó el presidente Feijóo pero que no ha utilizado para obtener más ventaja de las que el logro supone. Y eso sí es tener -él y sus aliados- una visión positiva de la res publica. Alegra el alma, sobre todo estos días, comprobar que aún quedan.

¿O no??

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