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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El regateo

Es verdad que, si la cuestión de quiénes han de gobernar España no resultase fundamental -sobre todo para la gente del común, porque la otra tiene ya la vida resuelta a través de diversos procedimientos-, el resultado de la penosa charanga de ayer habría sido lo de menos. Cierto que el nuevo fracaso de don Pedro Sánchez es algo serio, pero el regateo entre PSOE y Podemos resultó patético. Entre otros motivos porque ofreció a millones de personas una visión de lo que hoy en día es la verdadera política que aquí se emplea: dentelladas por el poder, puñaladas traperas por conseguir sus canonjías y un gran estrépito de quienes jalean, dicen que por ideas pero semeja más bien por interés, a las partes para que cuanto más muerdan, mejor.

Y procede repetir lo que desde luego es una visión personal del espectáculo: ese es el modo en que se practica la política en estos reinos. Alguien podrá decir, acaso con razón, que en el fondo no difiere mucho de lo que se hace en otros países, pero eso no basta para explicar el cómo se lleva a cabo aquí: sin respetar siquiera las formas, que son importantes en un sistema de libertades y, lo que es peor, disputando a voz en grito -porque hoy en día para eso sirven, también, las redes sociales- el precio de unos servicios cuyas condiciones son y serán un secreto del oficio. Vaiche boa.

Desde la opinión de quien escribe, cuanto ha sucedido ayer rebaja en mucho el respeto no ya que se merece la condición de representantes electos de la soberanía popular, sino que seguramente descalificaría -en otros menesteres- a los "negociadores" por su evidente incapacidad para convencer y convencerse. Y que además dejaron claro, ellos y sus entornos, que cuando se habla tanto por tantos de la "extrema derecha", la mayoría de ellos se equivocan: los auténticos "ultras" llevaban ya mucho tiempo fuera y dentro de los despachos, demostrando que lo son. Y no bastan los gestos finales; fue una vergüenza.

Lo más probable es que a partir de ahora, los predicadores a sueldo de cada parte -y los de las demás interesadas- traten de insistir en su pedagogía particular. Esa que en síntesis proclama que la única verdad es la suya, el progreso solo puede ser garantizado por ellos, como la justicia social, y quien no acepte esa doctrina será apartado como un réprobo que no merece convivir con los fieles no sea que los lleva por el mal camino. Y algunos de los que han de separar el grano de la paja tienen bastantes precedentes que utilizar: tantos como falsos demócratas.

En términos políticos, el zoco que ayer se cerró -con una oferta de último minuto que ratificó la sensaciones a las que ya se ha hecho referencia- hasta septiembre como máximo, si se quieren evitar otras elecciones, va a necesitar más talante para negociar o más paciencia -e inteligencia- para el regateo. Quizá todo iría mejor si la política, en vez de un arte menor como lo es aquí, fuese más respetable y respetada. Pero no es probable: uno de los graves déficits que ahora padece la española no es tanto el financiero, que también, cuanto el de estadistas. Gente capaz de pensar en el todo más que en la parte y de actuar en consecuencia: los hubo, conste -aunque no muchos- pero ya no. Por desgracia. ¿Eh??

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