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Un palmo

Algunas personas deberían llevar prospecto, una leyenda de: "Antes de abrir, leer las indicaciones detenidamente". No sé, para lo básico. Para saber si puedes conducir a su lado, si te dará sueños o te provocará alucinaciones; si existe el riesgo de que te deje para el arrastre o desastrado. Si crea adicción o el número de teléfono al que puedes llamar en caso de intoxicación, ingestión accidental, uso inadecuado, pérdida o sobredosis.

Una guía rápida, un manual de instrucciones, un saber a qué atenerse. Porque algunas personas, las cojas por donde las cojas, te van a doler. Porque hay personas que se van, pero tú no vuelves a encontrarte en mucho tiempo, y eso deberían avisarlo en algún sitio, qué menos. Porque todos conocemos personas que el viernes son un sí quiero y el lunes un ya no. Personas que pesan más cuando se marchan que cuando las llevabas en brazos. Porque el vacío siempre pesa más.

Personas que son alguien que nadie es, que te elevan a un diez o te dejan sumido en un cero porque no saben hacer ni dar la media. A quienes no les cabe un meñique entre un te quiero sincero y un montón de peros por la espalda y aun sabiéndolo, dejarás siempre la puerta entreabierta, un palmo.

Ese tipo de cosas extraordinarias que tienen réplica y aun así son más ciertas que el resto, personas de las que un día te vas pero te vas queriendo. En todos los sentidos.

Personas de las que no hablas. Como el agua de la Fuente de los Leones en la Alhambra, que nunca se derrama, como símbolo de esos amores prohibidos en los que si el amante llora, las lágrimas le delatan.

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