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Antonio Touriño

El mirador de Lobeira

Antonio Touriño

Sueldos que merecen parangón

Imaginen una empresa con 350 trabajadores, que extiende sus obligaciones fuera de la comunidad donde tiene su sede, que tiene que rendir cuentas a todos sus clientes y que a la vez tiene que avanzar al ritmo que marca la sociedad y justificarlo. Esa firma necesita, sin duda, que alguien lleve el timón y que otros le ayuden a manejar la responsabilidad de que funcionen las sofisticadas máquinas que facilitan el proceso y además de forma ininterrumpida, día y noche, las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Nadie, en su sano juicio, pone en duda que ese equipo tiene que percibir un buen sueldo, proporcional a la responsabilidad, al horario y a la eficiencia y eficacia del negocio.

Esa empresa existe en Vilagarcía y cuenta con casi 40.000 clientes. Es la de mayor tamaño, la de mayor dimensión, la que genera más puestos de trabajo fijos y una de las de mayores presupuestos, precisamente por la misión que le corresponde cumplir.

¿A alguien se le ocurriría decir que quien dirige esa importante empresa hay que pagarle al mes unos 3.000 euros y al resto de su equipo 2.000? ¿Cuál sería el parangón a estas alturas de 2019?

Pues bien, esa empresa se llama Ayuntamiento de Vilagarcía y como resultado de la gestión de cuatro años, un equipo dirigido por Alberto Varela ha ganado la "concesión" para gobernar otros cuatro. Y lo han ganado porque los "40.000 clientes" han querido que sigan un mandato a mayores para que demuestren que el municipio puede progresar como ellos prometieron. En caso contrario, en 2023, tendrán una nueva reválida en la urnas.

Pero para ello hay que dejarles trabajar, pero sobre todo ser magnánimos y concederles un sueldo digno con el que puedan cumplir su funciones con el mejor de los decoros.

Tres mil euros son cien euros al día. Hay profesionales que cobran esa cantidad a la hora -sin pensar en Messi ni en Ronaldo-.Quizás sea bueno dejar atrás ese tipo de demagogias que ya nadie se cree en un mundo en el que desapareció el altruísmo y en el que nadie trabaja solo por amor al arte de la política y sino pregunten el sueldo de un diputado (provincial o autonómico) o el de un senador. Quizás esté ahí el exceso.

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