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LA MIRADA

Pendiente de Madrid

Una repetición de las elecciones supone un riesgo para el PPdeG porque los socialistas tampoco la temen

- Segunda vuelta. Rearmarse internamente, sacar lustre a su gestión y aguardar a que surjan las primeras tensiones en los concellos con alcaldes en minoría (A Coruña, Santiago, Ferrol, ...) y a que el Gobierno central cometa algún traspiés con Galicia (Alcoa, unos presupuestos insuficientes, concesiones a otras autonomías, ...). Esta era la presumible estrategia del PPdeG para encarar con opciones de éxito las próximas elecciones autonómicas, pero Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pueden estropearle los planes a Alberto Núñez Feijóo y obligarle a una revisión de los mismos.

La firme apuesta del líder socialista de gobernar en solitario choca con la seria intención del partido morado de entrar en el Consejo de Ministros. Y Ciudadanos, focalizado en su plan de robarle el puesto al Partido Popular, no se mueve de su decisión de no facilitar la investidura de Sánchez. Del PP, ni hablar.

Tras el 28-A parecía descabellado, pero ahora ya no resulta increíble pensar que España pueda celebrar sus cuartas elecciones en tres años. La escena actual recuerda al bloqueo institucional de 2016 cuando finalmente hubo que repetir elecciones generales. ¿Beneficia o perjudica al PPdeG que haya otra vez comicios cuando en octubre de 2020, como muy tarde, se debe renovar el Gobierno de la Xunta? A los populares les conviene una cita electoral no contaminada por la política estatal, donde su marca está a la baja. Por ello, mejor que no haya segunda vuelta, la cual, de llegar a ser, podría tener luegar como muy tarde en noviembre. Si hay repetición electoral, lo conveniente sería alejar la cita autonómica lo máximo posible y ello pasaría por agotar in extremis el mandato y llamar a los gallegos a las urnas en octubre del año que viene.

Una repetición de las elecciones generales supone un riesgo para el PPdeG porque los socialistas, aunque dicen no querer una repetición, tampoco la temen. Aguardan salir beneficiados, y que los ciudadanos de izquierda para solucionar el bloqueo, que los polítícos parecen incapaces de resolver, concentren su voto entorno al partido más fuerte, el PSOE, debilitando aún más a Podemos.

La duda es mayor en el bando de la derecha. Unas nuevas elecciones perjudicarían sobre todo a VOX, pero ¿qué pasaría entre PP y Cs? La competencia es feroz entre ellos. Albert Rivera juega a ser de derechas más que nunca para dar el sorpasso a Pablo Casado. Un partido que se achica más en la escena estatal no es el mejor escenario posible para ir a por la cuarta mayoría absoluta, si Feijóo decide presentar candidatura. De ahí, que el líder del PPdeG pueda irse de vacaciones, pero estará pendiente más que nunca de las decisiones políticas que se tomen en Madrid.

Quizás pensando en que no le conviene una repetición de los comicios, Feijóo, preguntado esta semana por si el PP debería abstenerse en la investidura de Sánchez, no rechazó esta posibilidad como Pablo Casado. Simplemente afeó al líder socialista que "no haya propuesto nada" a los populares a cambio de su reelección. "Sería muy fácil hablar con un partido y un candidato que acepta acuerdos y pactos y no solamente pide que le voten a cambio de nada", expuso.

- El líder, más centrado. Feijóo defiende que las mayorías absolutas se ganan desde la centralidad política, y de ahí no se mueve el líder del PPdeG. Así PP y Cs se lanzaron a atacar a TVE por entrevistar al líder de Bildu, Arnaldo Otegi. Rechazaron que la televisión pública entrevistase al político vasco y la acusaron de "blanquear" a Otegi. Feijóo fue más suave en su crítica. No se pronunció sobre si TVE debía o no entrevistar al dirigente de Bildu, ni insinuó que la intención fuese "blanquearlo", lo que además no sucedió. Solo se mostró "sorprendido" por la decisión de TVE y sugirió que podía ser "un pago político a un posible apoyo a la investidura de Pedro Sánchez".

Otro ejemplo de su centralidad fue su discurso en la entrega de las Medallas Castelao, que este año por primera vez se concede solo a mujeres, tras más de tres décadas en las que estas distinciones fueron acaparadas por hombre. Un total de 241 varones fueron condecorados desde 1984 frente a 47 féminas.

Feijóo acudió a la primera persona del plural cuando expuso que "muchos hombres no supieron o no supimos entender que el feminismo venía a completar una realidad incompleta y que nos hacía más fuertes a todos". Y tras esa autocrítica en la que muchos se pueden ver reflejados, tildó de "inaceptable" la posición de "aquellos que ven en las políticas de igualdad una agresión o en la lucha contra la violencia machista un exceso", pero también cuestionó "la apropiación partidaria" del feminismo. Feijóo enarboló la bandera del feminismo, que no supo hacer suya el PP cuando marcó distancias con el 8-M.

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