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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La reacción

Parece más que posible que, ahora que el señor presidente Feijóo ha decidido acogerse al espíritu evangélico del Nuevo Testamento aplicando sus máximas -"por sus hechos lo conoceréis" verbigratia-, es posible que un cierto alivio haya suavizado las tensiones en el PPdeG. Y es que don Alberto, con sus mensajes, primero a la Xunta y después al Partido Popular para que se pongan las pilas, declara de facto su voluntad de presentarse a la cuarta legislatura autonómica. No hay una seguridad absoluta, porque nunca se sabe lo que guarda el porvenir, pero como una y una son dos, la repetición de indicaciones se admite como indicio razonable.

Las instrucciones a su doble mesnada son muy semejantes, como parece lógico, y a la vez presididas por el mismo mensaje: el desánimo, como la falta de ambición, son las causas que podrían derrotar a una organización que mantiene en apariencia toda su solidez. Cosa diferente es la parroquia electoral, que ha bajado considerablemente en número. A pesar de ello, el recado recuerda que si tras lo de 2015 fue posible la mayoría absoluta de 2016, esta vez puede repetirse el resultado. Una reflexión algo optimista vistas las cifras, pero cualquier otra sería letal. Punto.

La cuestión, claro, está en determinar con exactitud las circunstancias de entonces y las de ahora. Sobre todo el inevitable desgaste de una política protagonizada con diversa suerte por una Xunta que se mantiene muy parecida tras los obligados y relativamente escasos cambios en tres legislaturas. Desde el punto de vista de quien escribe, sería un error suponer que todo ha ido bien con la táctica: los índices de votación demuestran que no es así. Y aunque los conselleiros no tengan la "culpa", el desgaste es colectivo, como lo son los méritos. Y el balance, también.

(Es probable que cuando se habla de circunstancias, algunos analistas consideren, y no sin razón, conveniente tener en cuenta la aparición de otras opciones dentro del espacio conservador. Y es posible, quizá, que eso incida tanto como piensan, salvo en el caso de que el PPdeG insista en la errónea visión de que no tiene importancia. No la ha tenido hasta ahora, pero la tendrá si la Xunta no aporta frescura a una sociedad que la necesidad tanto como la estabilidad. Y no parece que el PPdeG pueda permitirse el lujo de esperar a que C´s y Vox terminen su proceso, en apariencia ya iniciado, hacia la insignificancia.)

En todo caso -y ahí acierta don Alberto- la clave es la reacción y por supuesto, los efectos que de ella espera. De momento, el esquema en el que se moverá desde un punto de vista gubernamental parece bien elaborado, con proyectos de ley necesarios y urgentes. Y en lo partidario, la maniobra -si la hubo- de retrasar la elección de senadores autonómicos ha sido un éxito estratégico para el PPdeG. Sobre todo en la medida en que no sólo ha troceado aún más a sus adversarios en la izquierda, sino que los "pedazos" están más enfrentados entre sí que antes. Y eso cuenta, según demostró un tal Hont con su modelo electoral.

¿O no??

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