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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los regalos

Una de las partes difíciles en el análisis de las cosas que pasan en la política es hallar el modo de criticar algunos hechos sin faltar al respeto a sus protagonistas. Y muy especialmente cuando se trata del acceso a cargos que están en el trasiego propio de las llamadas "puertas giratorias", por las que quienes salen de un puesto llegan a otro casi de inmediato. Los reproches no son tanto ad hominem -o a la mujer- cuanto al método porque significa una utilización de las instituciones más como si fueran propiedad antes que administración. Y la intervención de la gente del común es en la totalidad de ese proceso prácticamente nula.

El introito, que constituye opinión personal, parece tanto más ajustado a la realidad cuanto que las instituciones a las que llegan los elegidos -o, más exactamente, los designados por los partidos- son de las que una gran parte de la comunidad votante cree innecesarias. Y por tanto, parece que a muchos de los que tienen plaza les ha llegado como un regalo y no por mérito demostrado con anterioridad. Por eso, aunque quizá con algo de injusticia, se las conoce -a esas instituciones- como "cementerios de elefantes", esos donde los paquidermos llegan cuando su final se acerca.

Es, sin darle más vueltas, el caso del Senado. Una Cámara de segunda lectura cuya utilidad en España es materia opinable, pero a la que la práctica de los políticos ha devaluado. Precisamente por la nominación de los candidatos para la elección directa, muchos de los que se quedaron sin otros puestos "mejores" a los que aspiraban y con los que se dan por satisfechos sobre todo porque conllevan buen tratamiento social y mejor sueldo. Y ya ni se diga cuando son "de representación autonómica", ronda de consolación en los que esos estímulos causan choques de ambiciones, tensiones internas y conflictos: acaban de ocurrir en EM.

Criticar todo ello provoca casi instantáneamente el disgusto de los beneficiados por lo que creen mérito y no son sino "regalos". Y efectivamente puede haber cierta razón para el malestar de los aludidos, pero debería ser más por el modo de llegar que por el que se emplea para recibirlos. Sobre todo en los casos en los que parece premiarse a derrotados -tanto a la derecha como a la izquierda- que se han quedado sin otro horizonte político y que podrían, por probada competencia profesional o por la experiencia adquirida en el oficio público, servir mejor al país en otro ligar.

No es, en absoluto, tarea de analistas y/u observadores entrar en el ámbito privado de las personas. Pero cuando se ocupan cargos públicos, retribuidos con dinero de todos, no sólo hay que hacerlo con dignidad y honradez -algo que, quien escribe no tiene por qué dudar que harán los senadores y las senadoras-, sino cuidar desde los partidos que los/as proponen, las mejores formas para mantener sano y robusto al sistema democrático. Y los "regalos" de ese tipo no son precisamente el ejemplo óptimo.

¿Verdad??

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