09 de junio de 2019
09.06.2019
De vuelta y media

Recreativa de Artesanos, un resurgimiento fallido

La histórica entidad retomó su actividad en 1950 con mucha ilusión pero escaso bagaje y sucumbió en 1963 (y 3)

09.06.2019 | 03:18

A finales de los años 40, trató de abrirse paso y encontrar su lugar entre el Liceo Casino y el Círculo Mercantil una tercera sociedad identificada con la masa trabajadora e inspirada en aquel Recreo de Artesanos, de imborrable recuerdo.

El gobernador civil, José Solís Ruíz, acogió con agrado la idea y no puso ningún impedimento. Más bien al contrario, porque facilitó su legalización en una época complicada, cuando el franquismo no dejaba resquicio alguno a cualquier iniciativa sospechosa. La entidad distinguió a Solís con el nombramiento de socio de honor, al igual que a Antonio Puig Gaite, en reconocimiento al apoyo recibido para su puesta en marcha.

Así nació el 9 de mayo de 1950 la Sociedad Recreativa de Artesanos. La nueva denominación simplemente cambió en su nombre histórico el término "recreo" por "recreativa", a fin de establecer la diferencia obligada, aunque sin renunciar a sus genuinos orígenes. La entidad renacida trató de aglutinar, sobre todo, a los pequeños comerciantes e industriales, herederos directos de los maestros artesanos, y comenzó su andadura con unos 350 asociados.

Olegario Peón, presidente; Francisco Raposo, vicepresidente; Jaime Vilas, secretario; Salvador Beloso, vicesecretario; José Granjel, tesorero; Víctor Torres, bibliotecario; Severiano Beloso, contador; y Waldo Názar, Eugenio Pazos e Ignacio González, vocales. Esta fue su primera junta directiva, que poco después logró su reelección por el buen trabajo realizado.

Un magnífico caserón de la calle Manuel Quiroga, en cuyo bajo estaba la Confitería Guerra (del padre de Xan das Canicas), junto a la Sombrerería Álvarez, acogió sus instalaciones sociales, tras la conveniente reforma que proyectó el buen arquitecto Tano Cochón por cuenta de los herederos de José y Camilo Pérez, sus nuevos propietarios. Nadie se atrevió a reclamar el local de Artesanos en la plaza de la Estrella, incautado en el Guerra Civil.

Un día tan señalado como el 31 de diciembre de aquel año, la Recreativa de Artesanos inauguró por la mañana su flamante sede y celebró por la noche su primer baile. Gobernador civil, alcalde y presidente de la Diputación, las tres autoridades pontevedresas más representativas, presidieron el emotivo acto que contó con una nutrida concurrencia. Los expresidentes Prudencio Landín y Tomás Abeigón, intervinieron para honrar a la institución original y defender su memoria, al tiempo que dieron el testigo a la entidad naciente.

"Recreo de Artesanos -recordó Landín- era llamada la "sociedad democrática", no porque tuviese alguna tendencia política, sino porque en ella tenían cabida todas las disciplinas y todas las opiniones vinculadas por amor a Pontevedra."

El párroco de San Bartolomé y arcipreste del Morrazo, Faustino Fraile, bendijo las instalaciones: el primer piso cobijó las salas de lectura y juegos, bar, oficinas, servicios y guardarropa, en tanto que la segunda planta se dedicó íntegramente a sala de baile y eventos especiales.

Obviamente, los bailes se convirtieron en su principal razón de ser y combinaron el uso del Teatro Principal con su propio salón, según la importancia del festejo. No obstante, la entidad incorporó otra actividad hasta entonces inusual, que respondió a la demanda de esparcimiento y ocio de sus asociados ante un tiempo nuevo: las excursiones turísticas.

La isla de A Toxa fue el primer destino de un viaje programado en verano de 1951 para pasar el día y disfrutar de aquel remanso de paz, cuando todavía era un lugar casi paradisíaco. La iniciativa causó un recuerdo tan bueno, que las sucesivas directivas no dejaron de organizar más viajes, casi siempre de un solo día en fin de semana, para respetar el trabajo de cada cual.

Durante la presidencia de Raúl Santalices Cid en 1959, Artesanos anunció con antelación un programa abierto de cuatro atractivas excursiones a Oporto, A Coruña, Mondariz-Balneario y O Grove-Vilagarcía. En el caso de la ciudad herculina, la motivación tenía en su punto de mira el torneo de fútbol Teresa Herrera, mientras que en el caso de la capital arosana, el aliciente estaba en su afamado combate naval de fuegos artificiales. Los felices años 60 todavía estaban por llegar y en materia turística todo aún estaba por hacer.

Las conferencias y los conciertos de la Recreativa de Artesanos nunca tuvieron la relevancia de otros tiempos pretéritos. Eso ocurrió así con carácter general, salvo en una celebrada ocasión de la primavera de 1957. Bajo la presidencia de Cándido Acuña Blanco, la entidad organizó unos coloquios literarios que inauguraron Álvaro Cunqueiro y José Mª Castroviejo, moderados por el policía y literato Carlos Caba.

"Ida y vuelta por los caminos de Europa" fue la temática elegida para aquel memorable mano a mano, que permitió a ambos personajes un festivo peregrinar de un lado a otro del viejo continente, sacando a paseo su asombrosa capacidad como contadores de historias.

Como las preguntas estaban permitidas, alguien del público interrogó a Castroviejo y Cunqueiro sobre sus experiencias personales con la Santa Compaña. Ellos no desperdiciaron la ocasión de divertir a la concurrencia y contestaron que al menos existían dos versiones: uno vio su deambular con una buena trompa de vino blanco y el otro hizo lo propio con vino tinto?.Aquello terminó como el rosario de la aurora, con una cena en el Parador de Turismo, que resultó hilarante en grado sumo.

El segundo coloquio, a la postre el último, versó sobre "Galicia y los gallegos a través de sus dibujantes", y participaron Manuel Casado Nieto y Agustín Portela Paz, con Filgueira Valverde como moderador. El acto fue un éxito y repitió el formato de una cena en el Parador para continuar el coloquio de manera distendida. Pese a su buena acogida, no hubo más.

El gremio del transporte local nunca dejó de festejar a San Cristóbal, año tras año, en los locales de Manuel Quiroga. Dentro del programa de actos que capitaneaba el Parque y Talleres de Recuperación, al mediodía siempre compartieron taxistas y transportistas un vino español en la sede social.

Entre todos los hombres que contribuyeron a mantener activa la Sociedad Recreativa de Artesanos durante sus trece años de vida prolongada, sobresalió el nombre de Manuel Ángel García Canals. Hasta en cuatro ocasiones distintas estuvo al frente de la entidad (años 1954, 1955, 1958 y 1960) y cuando no ejerció como presidente casi siempre ocupó un cargo en las distintas juntas directivas.

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