02 de mayo de 2019
02.05.2019
Crónicas galantes

Céntrese, hombre

02.05.2019 | 00:52
Céntrese, hombre

Después de un calamitoso intento de torear con la muleta de la ultraderecha, el Partido Popular ha descubierto, súbitamente, que es un partido de centro. De momento ha centrado su lema para las próximas elecciones y ni siquiera es improbable que acabe añadiendo el concepto a su marca, en plan Partido de Centro Popular, Partido Popular Centrista o cualquier otra variante que se le ocurra a los asesores de Pablo Casado.

"Céntrate, hombre", suele decirse a los estudiantes poco aplicados, ya sea por pereza, ya por hiperactividad. Más o menos, eso es lo que le aconsejan ahora todos los notables del PP al pobre Casado, si bien sería injusto no admitir que alguno -como Alberto Núñez Feijoo- ya le hizo esa advertencia cuando el joven líder comenzó a desbarrar sobre el aborto y todas esas cuestiones que descentran a cualquiera.

Lejos de hacer caso a la voz de la experiencia, Casado optó por arrimarse al toro de Vox, que lógicamente acabaría por empitonarlo con tanta fiesta nacional, tanta cacería y tanta procesión. El debutante confundió el centro con fichar al hijo de Adolfo Suárez para ilustrar su candidatura, sin calcular la posibilidad de que su número dos en la lista podría abrir la boca. Tan pronto lo hizo, empezó a subir el precio del pan y a encarecerse el voto a su partido.


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Ahora vuelve, o eso parece, el espíritu de la UCD, que a fin de cuentas fue el primer partido que gobernó en la restaurada democracia de 1977. A la Unión de Centro Democrático montada desde el Gobierno por Adolfo Suárez (el del aeropuerto, no su hijo) le pertenece cronológicamente la patente de ese espacio político. Cierto es que su fundador había sido nada menos que el último secretario general del Movimiento; pero esas son anécdotas propias de la peculiar transición española a la democracia.

Detalles de época aparte, el partido era bastante de centro, admitámoslo. Uno de derecha pura, como la Alianza Popular de Fraga, no hubiese legalizado al Partido Comunista en aquellos años difíciles, cuando España vivía bajo la permanente amenaza del cuartelazo y de los fachas con botas. Que aquellos sí eran fachas de verdad, por comparación con su actual parodia.

La UCD pereció casi repentinamente, pero su modelo fue imitado por todos los partidos que vinieron detrás, hasta hoy mismo. El primero en arrimarse al centro fue Felipe González al convertir en socialdemócrata a un PSOE todavía anclado entonces en el marxismo. González remetió a España en la OTAN, tranquilizó a empresarios y militares y se ganó al electorado centrista con éxito suficiente como para tirarse catorce años consecutivos en La Moncloa.

También a Aznar, que hoy va de tipo duro, lo centró en su día Jordi Pujol hasta el punto de hacerle suprimir la mili y traspasar a los Mossos d'Esquadra el control de la Seguridad y el Tráfico en Cataluña. Zapatero se descentró un poco, con los resultados de todos conocidos; pero luego vino el centrista Rajoy a restablecer la tradición.

Ahora es Sánchez el que se ha beneficiado de su involuntario giro al centro, propiciado por la escora hacia la derecha más extrema de Casado, quien, tras el escarmiento, ha decidido que lo suyo es centrarse también. Con Ciudadanos jugando igualmente en esa posición, mucho es de temer que pronto haya overbooking en el centro; pero esa no es mala noticia. Peor sería que continuásemos, como hasta ahora, con las batallitas de la guerra civil. Que ya solo dan para documentales de La 2.

stylename="070_TXT_inf_01"> anxelvence@gmail.com

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