27 de abril de 2019
27.04.2019
Faro de Vigo

Los cien de Leopolda Jacob

27.04.2019 | 01:38

Hoy me levanto todavía anonadado de la noche del jueves en que al llegar a casa de una cena en el Maruja Limón y encender la tele me apareció la Pantoja en el programa de Supervivientes. De tal degradación moral me salvó mi colega Tere Gradín cuando, al mismo tiempo, abrí el correo y me apareció un mensaje de ella recordándome que este lunes cumple cien años Leopolda Jacob, hija de Otto Jacob, tripulante del Stephan, el cablero alemán que pasó toda la I Guerra Mundial en el Puerto de Vigo. Como refiere José Cabanelas, autor del libro "La Primera Guerra Mundial en Vigo" -en el reportaje de Estela publicado el 7 de octubre pasado-, el Stephan, con radiotelegrafía a bordo, se convirtió en el principal centro de inteligencia alemán de todo el noroeste peninsular y, en consecuencia, en uno de los barcos más peligrosos para la flota aliada. Varios de los tripulantes del Stephan se casaron con jóvenes viguesas, entre ellos Otto, que matrimonió con Leopolda. Fruto de esa unión nació su hija llamada también Leopolda, abuela de Tere Gradín,probablemente la última, o una de las últimas, descendientes directas de aquellos alemanes que, terminada la Gran Guerra, decidieron quedarse en la ciudad. Ella, aunque ya de cabeza algo olvidadiza, mantiene el donaire que heredó de sus progenitores. El lunes le hacen una pequeña fiesta. ¡Qué bueno!

Se nos fue Cecilio Muñoz Abella

Esa alegría de ver viva a sus cien a Leopolda se empañó cuando me enteré por Leonor que alguien admirado por mí, porque con él siempre habría paz y buen rollo entre la gente, se había marchado para siempre. ¡Qué gran pena perder a tan buen humano antes de tiempo! Hablo de Celi, Cecilio Muñoz Abella, marido de Leonor, que falleció el 14 de abril. Sabemos que hay gente que quería a Celi, que le gustaba su poesía, sus pinturas, su forma de ser y estar en la vida. Desde que llego a Galicia, hace ya 20 años, sintió esta tierra como suya, la amó y, aunque aquí demasiadas veces lo trataran como un extranjero, Celi sentía Galicia como una buena parte de su viaje. Tenía varios libros, el último Diario de un Náufrago en la Editorial BuBok. Celi tiene escrito (y espera editor) un libro en gallego, Mar de Cinza, título que pronosticó en su momento el lugar donde él quería quedarse eternamente, el océano, por eso sus cenizas reposan en este mar de nuestra costa que él podía contemplar durante horas. Respecto a la pintura realizó exposiciones en instituciones y locales de la provincia y algunas en Madrid. La pasión que sentía por la escritura, a la que le dedicaba todo su tiempo y que lo hacía sentirse vivo, nos dejó un legado de textos que nunca vieron la luz. Un gran conversador, tolerante y respetuoso con todos. ¡Qué pena!

Butragueño el de Cerviño

Mira por dónde, el azar me ha permitido conocer a Eduardo Butragueño Cerviño, vigués hermano de la psicóloga Sagrario B. C., titular jubilado de Historia de la Filosofía en la Universidad de Barcelona. Eduardo es uno de los muchos gallegos que se van por ahí a cualificar con sus manos o su saber el mundo, y es un hombre que ha sabido dar la cara, desde su cultura, por el concepto España con otros intelectuales en un medio difícil. Pronto conoceremos sus memorias.

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