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Joaquín Rábago.

El boicot a Israel indigna a los liberales alemanes

La campaña internacional de boicot, desinversiones y sanciones contra Israel -conocida por las siglas BDS- indigna a los liberales alemanes, que pretenden que el Parlamento de Berlín presente una moción condenatoria.

"El movimiento BDS es, en cuanto a métodos y objetivos, no solo anti-israelí, sino mayoritariamente antisemita", denuncia la moción aprobada ya por el grupo parlamentario de ese partido (FDP), actualmente en la oposición.

La campaña, lanzada en 2005 y una de cuyas figuras de proa más conocidas es el músico Roger Waters, cofundador de la banda de rock británica Pink Floyd, se dirige contra la ocupación ilegal de tierras árabes y el apartheid del que son víctimas los palestinos.

Pero el llamamiento a no comprar productos israelíes parece recordarles a muchos alemanes una de las páginas más siniestras de su historia: cuando bajo el régimen nacionalsocialista se colocaron carteles que animaban a no comprar a los judíos.

Los liberales quieren que el Estado deniegue toda ayuda financiera a las organizaciones no gubernamentales que llamen al boicot de productos, empresas o ciudadanos israelíes y no ponga a su disposición edificios de propiedad pública.

El responsable del Gobierno de Berlín para cuestiones relacionadas con el antisemitismo, Felix Klein, calificó ya en su día de "antisemita" esa campaña internacional porque, en su opinión, trata de "deslegitimar paso a paso al Estado judío".

Pero a la vista de las prácticas anti-palestinas del Gobierno israelí, se le ocurre a uno, no hace falta que nadie deslegitime a ese Estado. Su calidad democrática se devalúa cada día que pasa.

Lo reconoce implícitamente incluso alguien tan poco sospechoso como el ex ministro de Justicia israelí Jossi Beilin, considerado el arquitecto de los acuerdos de Oslo (1993).

En declaraciones que publica la revista mensual alemana "Konkret", Beilin califica a Israel de "democracia imperfecta" al no tratarse de un Estado aconfesional que establezca una neta separación entre religión y política.

"En ninguna verdadera democracia decide en exclusiva la religión las leyes de matrimonio", explica el exministro, que critica al mismo tiempo la progresiva e ilegal ocupación por Israel de tierras que son palestinas.

Si el primer ministro (Benjamin Netanyahu) depende de los partidos derechistas para formar gobierno, no es de excluir, dice Beilin, que terminen anexionando no solo Jerusalén oriental sino también otras tierras de Cisjordania.

Además, agrega, cuentan para ello con "un aliado como el loco presidente de EE UU, Donald Trump, que podría hacer todavía muchas cosas en beneficio de las derechas israelíes".

De momento Washington ha trasladado su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén, ha reconocido la anexión ilegal por el Estado judío de los altos del Golán, conquistados a Siria durante la guerra de los Seis Días. Además de vetar todas las resoluciones de la ONU sobre los territorios ocupados. ¿Hay quien dé más?

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