17 de abril de 2019
17.04.2019
me lo repite

No hay error para la edad

17.04.2019 | 02:00

Ser joven es una osadía muy necesaria. Una enfermedad que se cura con los años, y no siempre para mejor. La vejez olvida en ocasiones de dónde proviene y por eso algunos comentarios -no siempre, no todos- asocian la juventud al error, a la estupidez, a una etapa fútil de la vida marcada por la impericia. Un verso de Szymborska: De la falsedad a la verdad dejas de ser joven.

Cesare Pavese se suicidó con una sobredosis de somníferos en un hotel de Turín, nueve días después de dar por concluido su diario: "Todo esto da asco", resumió con el último trazo. En la novela La Playa había dado con la clave existencial: "Vida sana. Trabajar, pero sin afán. Distraerse, alimentarse y charlar. Sobre todo distraerse (...) Es necesario entender la vida, entenderla cuando se es joven".

Una visión de las nuevas generaciones con esa pátina de suficiencia que imprime la edad a veces, incluso ya en la treintena, no puede resultar más desacertada. Es una equivocación como creer que la vejez es una vida terminada.

Bob Dylan tiene 78 y continúa intacta la pasión de músico de carretera de los 70, cuando aquel circo musical ambulante de la Rolling Thunder Revue recorrió 22 ciudades del noreste de Estados Unidos, con artistas y personalidades de todo pelaje como Joni Mitchell, Allen Ginsberg, Joan Baez o T-Bone Burnett. Dylan mantiene vivo el Never Ending Tour, una gira ininterrumpida desde hace tres décadas. El 29 de abril vuelve a Galicia. Mick Jagger, de 75, nos ha asustado este mes, pero seguirá contoneándose. Ha estrenado corazón un septuagenario cuya energía en el escenario supera a muchos quinceañeros.

El saxofonista Wayne Shorter cumplirá 86 en verano. Llegará, lo vaticino, lo veremos. Ya parecía viejo cuando, en noviembre de 2012, actuó en el Teatro Rosalía de A Coruña. Pero en una primera canción de casi una hora, la mitad del concierto, se agachó pesadamente con su saxo alto al micrófono y las notas silbaban como las balas, el jazz corría en estampida.

Son músicos con chaleco de plomo, agraciados con vidas que se estiran como el infinito. Aunque las hayan vivido con desafuero, o quizás por eso. Con 5 años, Compay Segundo encendía los puros a su abuela en Siboney, el pueblo en el que nació en 1907, al este de Santiago de Cuba. "Se podría decir que llevo 85 años fumando", dijo en el documental Buena Vista Social Club. Los años dependen bastante y el error no tiene edad. Solo existe una constante, la que expresa Julian Barnes en El sentido de un final, una novela magnífica: "Cuando somos jóvenes nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos. Cuando somos viejos inventamos pasados distintos para los demás".

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