01 de abril de 2019
01.04.2019
Faro de Vigo

La España vacía

01.04.2019 | 02:55
La España vacía

Sergio del Molino en su radiografía del país que nunca fue, escribió que los fantasmas de la España vacía están en las casas de la España urbana. Ayer se demostró en Madrid en una manifestación para pedir el rescate, que congregó a miles de personas de los núcleos más despoblados y desfavorecidos. Claman por una atención política que circunstancialmente ha encontrado acomodo por la necesidad del voto y los efectos distorsivos de la Ley D'Hondt. Lo habitual, en los ritmos cortoplacistas en que se mueven los partidos, es no preocuparse de la despoblación.

Pero ayer ministros y dirigentes de la oposición se manifestaron por la España vacía o vaciada. Pese a las mayorías rurales y su sobrerrepresentación parlamentaria las provincias despobladas, como cuenta Del Molino en su libro, nunca han visto sus intereses protegidos en el Congreso. El propio diseño de la Cámara hace que sea imposible: los grupos que se nutren de esa representación responden a las disciplinas de los partido que tienen otras cosas en qué pensar. Sus tacticismos y las necesidades perentorias de satisfacer el interés asimétrico e insolidario de las nacionalidades periféricas es lo primero. Estas últimas sí tienen, en cambio, grupos propios que interpelan al gobierno de turno. La suerte está demasiado decantada en favor de las autonomías nacionalistas, que además no pierden la oportunidad de exprimir al Estado o de ponerlo contra las cuerdas, como en el caso de Cataluña.

La España vacía es un territorio maltratado que preocupa en estos momentos a los políticos por el estrecho margen de voto que se disputa. Ofrecer beneficios fiscales no va a ser suficiente para combatir la despoblación. Hace falta, además, un apoyo institucional para obtener resultados, como ocurrió en el Reino Unido y Francia, dos países en los que atravesar el medio rural no significa abrir un boquete en el tiempo del tamaño del de España. Estas dos Españas, la urbana y la campesina, se justifican con mayor razón que las nacidas del rancio rencor guerracivilista.

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