17 de marzo de 2019
17.03.2019
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Gobierno y Xunta deben reparar ya el agravio al puerto de Vigo

17.03.2019 | 03:48

Dejar a la terminal de mayor peso económico de Galicia y elemento motriz de su industria, relegada a la red ferroviaria secundaria es tanto como arrebatarle el futuro. Es literalmente dar un portazo a la terminal que más riqueza genera en toda la comunidad. Por eso, o se suple y recompone de manera inmediata esa marginación con un compromiso firme de Gobierno y Xunta por las vías que sean, o no pasará mucho tiempo en que toda la comunidad sufra los daños irreparables que esta injusticia histórica traerá consigo.

La buena nueva que supone la anhelada inclusión del Noroeste en el mapa de la red ferroviaria transeuropea, a través del Corredor Atlántico, deja un resultado agridulce para Galicia. El llamado trílogo, una negociación a tres bandas entre la Eurocámara, el Consejo de la UE y la Comisión Europea, acordó finalmente la pasada semana la incorporación de la línea A Coruña-Vigo-Ourense-León en la red prioritaria (básica) del tren de mercancías a Europa y, en la misma, la conexión con el puerto de Langosteira, pero no así con el vigués. Éste, junto con el eje Vigo-Oporto, queda postergado a la red secundaria (global, según la terminología de Bruselas) y, por tanto, fuera del corredor principal.

La diferencia entre pertenecer a una u otra red es tanto como engancharse o no al tren de la prosperidad. Estar en el corredor básico da acceso, en concurrencia competitiva y a partir de 2021, a un maná de 30.600 millones de euros en fondos europeos con los que modernizar el tren de mercancías en Galicia antes de 2030. Por el contrario, quedar relegado al mallado secundario, como ocurre con el puerto olívico, no solo lo deja fuera de la conexión preferente con Europa, sino que únicamente podrá acceder a las migajas de aquel reparto y posterga sus mejoras al horizonte de 2050. Esto es, dos décadas más tarde que los primeros.

Pero más grave aún que todo ello, la ausencia de la terminal viguesa del mapa transeuropeo de mercancías supone su pérdida de visibilidad para los grandes operadores marítimos -especialmente de China y para los nuevos megaportacontenedores que cruzan el canal de Panamá-, que configuran sus destinos en función de la modernización y homogeneización de los ejes terrestres de transporte. Es decir, dificultará la captación de tráficos de mercancías y el posicionamiento de sus servicios. Será como jugar en la segunda división portuaria, cuando lo que hoy buscan los grandes operadores logísticos es estar conectados a modernos corredores ferroviarios de forma que puedan atravesar Europa sin barreras técnicas ni burocráticas.

No es la primera vez que el flanco sur de Galicia queda relegado en infraestructuras vitales sin causa alguna que lo justifique y sin que nadie haya salido a dar explicaciones por ello. Lo mismo pasó con el AVE, cuando para primar al Norte se decidió construir la nueva línea por el interior de Galicia dejando a la mayor área de población de Galicia sin conexión y obligada a dar un rodeo por Santiago para viajar a Madrid, y también con los aeropuertos cuando la Xunta, cegada por su visión norteña, aplicaba en Galicia una política errática y partidista que primaba Lavacolla con las ayudas que negaba en Peinador mientras Portugal, consciente de que el enemigo a batir era Vigo, se lanzaba a convertir el aeropuerto de Oporto en la gran terminal de la Eurorregión.

Lamentablemente lo que ahora ha vuelto a ocurrir no es algo de lo que acabamos de darnos cuenta. Es justo lo contrario. Exactamente todo lo que FARO alertó hace ya más de seis años cuando se urdía la marginación. Ya en ese momento denunciábamos la afrenta que se estaba perpetrando al arrebatar a Vigo su condición de puerto referente del noroeste peninsular para quedar sus muelles relegados a la consideración de complementarios de un puerto como el de Langosteira, es decir, una dársena que, además de una ruina económica en la que se ya llevan enterrados mil millones de euros con créditos europeos incluidos, todavía hoy tiene una pírrica actividad pese al dopaje institucional y económico que no cesa.

Decíamos hace seis años que estábamos ante una cacicada que no era inocua, frente a quienes trataron de rebatirlo, primero, con el vergonzoso y falaz argumento de que se trataba de una simple errata en un mapa sin mayores consecuencias y, después, esgrimiendo el torticero argumento del mayor número de toneladas movidas desde la terminal coruñesa, obviando la importancia del vigués como puerto de referencia mundial en el sector pesquero y europea en tráfico Ro-Ro.

El 19 de diciembre de 2012, la Comisión de Transportes del Parlamento Europeo consumó el agravio. Lo hizo además con la anuencia de los representantes de los dos partidos españoles mayoritarios, socialistas y populares. Pero no estábamos ante una cacicada de tecnócratas europeos enemigos de los intereses de Galicia, como algunos quisieron hacernos creer. Porque no fue en Bruselas donde se excluyó inicialmente a la dársena viguesa, sino en el despacho de la Dirección General de Puertos del Estado, que ocupaba nada más y nada menos que el expresidente de la Xunta Fernando González Laxe, dependiente del Ministerio de Fomento que dirigía José Blanco. Fueron ellos quienes, a la hora de elegir, optaron por incluir el puerto coruñés y excluir al vigués para ser conectado a los modernos corredores ferroviarios diseñados por la UE para las terminales principales. Sin duda, sabían bien lo que hacían, porque debía de resultar harto difícil de justificar en Bruselas el coste del capricho de Langosteira. O sea, patada a seguir en el monumental disparate pergeñado por Paco Vázquez y Aznar al calor de la catástrofe del "Prestige".

Los intentos posteriores de enmendar el atropello jamás prosperaron. De ahí que si los culpables del mismo tienen nombre y apellidos, tampoco están libres en este desenlace todos cuantos tuvieron después ocasión de pelearlo en los trámites de enmiendas en la Eurocámara y en los pasillos de Bruselas pero fueron incapaces de corregirlo, por más que aquella decisión originaria tuviera una complicada vuelta atrás. Otros puertos con bases menos sólidas y razonables para la reclamación que el de Vigo, como los de Glasgow, Palermo y Ostende, lo lograron aunque los motivos de su exclusión inicial fuesen otros.

Ha pasado un sexenio y el escarnio sigue igual que entonces. No es tiempo de lamentaciones. De nada valen. Por más que la Historia recrimine a los auténticos responsables de la fechoría, es más necesario que nunca corregir la injusticia cometida. Nada de resignarse. Hay soluciones por más que nadie quiera ponerlas encima de la mesa. Así que ya debieran el Gobierno central y la Xunta arremangarse a fondo para echar el resto. Si no es con fondos europeos, con fondos estatales, pero la conexión del puerto de Vigo, la salida sur y su enlace con Oporto no pueden quedar relegados en clara desventaja. Conformarse como ha hecho la conselleira de Infraestructuras al valorar como un paso adelante su inclusión en la red secundaria, no es ni siquiera de recibo. Que llame sino a la presidenta del Consello Económico y Social o al presidente de la Autoridad Portuaria, de su mismo partido político, para hacérselo ver. Lo que aquí se demandan son soluciones en firme del nuevo Gobierno y de la Xunta para retornarlo de inmediato a la primera división que le fue robada a conciencia.

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