15 de marzo de 2019
15.03.2019

Hoy, a Hollywood con Armada

15.03.2019 | 04:31
Aquel fútbol de empresas. Ahí tenéis dos fotos de mediados de los 80 cuando la crisis golpeaba a las empresas de Vigo pero sus trabajadores luchaban por dejar en lo más alto sus siglas mediante sus equipos de fútbol. En el recuerdo, aquellos enfrentamientos entre los equipos del Vulcano capitaneados por Mantilla y el de Hijos de J. Barreras por Boby. Del H.J.B., veis a "Gato" Oliveira, Luis, Daniel, Lute, Pardillo, Jaime, Crispín y Canducho. Abajo, Rial II, Cholo, J. Ramón, Boby, Millares, Seijo. Después los trabajadores de H.J. B. son trasladados a la fábrica alemana K.H.D. en Porriño pero sigue su pasión por el fútbol y bajo la coordinación de Jaime Rodríguez y de Congil, De León y Boby se monta el Manolo F.C., un equipo amateur campeón que veis abajo con Congil, Porriño, Boby, Fran, Millares, Eiroa, Lusi, Acis, Risto, Lojo, De León, Burguillo, Tonio, Crespo, Rique, Miguel, Ríal, Cho y Pallarés. En la foto superior e inferior Boby y Jaime.

Hoy, las 8 de la tarde, cariños míos, estará en el Museo del Mar Alfonso Armada, periodista, escritor, dramaturgo y poeta al que tanto habéis visto en la guerra de Sarajevo o en el genocidio de Ruanda por El País como en la corresponsalía de Nueva York o páginas culturales de ABC, pero también escribiendo y dirigiendo teatro, o su revista digital Frontera D o casándose precipitadamente con una rusa que conoció de paso. Estará en el museo Alfonso (al que recién nacimos al periodismo y dimos las primeras palmaditas en el culo en el FARO), para presentar su último retoño poético: "Cuaderno de Hollywood", flanqueado por Fortes Bouzán, Din Matamoro y Moncho Conde Corbal. Yo le llamé a Madrid para que me contara algo, y esto es lo que nos envió.

Ni el Disol, ni el Fraga ni el Odeón: el Rosalía

"Ni el Disol, ni el Fraga, ni siquiera el Tamberlick, o el Odeón, donde recuerdo que le pedí a un desconocido que me colara para ver Chacal, y al final el tipo tuvo una bronca con el que cortaba las entradas diciendo que yo era menor. El desconocido se fue sin ver la película y yo, solo, en medio de la sala, disfruté de aquella película de un terrorista que quería matar a De Gaulle con escenas que encendían la imaginación adolescente. No, el mío era el Rosalía de Castro. Recuerdo que en el dorso aquellas entradas estrechas y alargadas de colores infantiles yo escribía la crítica, a veces incluso a máquina, la vieja Alpina que me regaló mi padre. En el cine soñamos como nadie. De hecho, creo que seguimos soñando. Cuando era corresponsal de ABC en Nueva York fui seis veces a cubrir la ceremonia de los Oscar. Y en cada viaje, cada noche, en el hotel de Hollywood, escribía un poema, para sortear la soledad o para desafiarla, y con ella las sombras, ilusiones, miedos, deseos turbios del cine que nos habla a los sueños y por eso es el cine tan inquietante. Cuaderno de Hollywood no habla de la infancia en Vigo, pero sí de cómo el cine se transformó en una fábrica de sueños turbios y devaluados, de cómo el cine sigue encandilando, y de cómo Los Ángeles se ha convertido en una proyección del porvenir, un porvenir lleno de sombras que se nos parecen".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook