10 de marzo de 2019
10.03.2019
la mirada

La lección del 8-M

10.03.2019 | 03:22
La lección del 8-M

| Un hito. El 8-M ha vuelto a ser un auténtico éxito. Otro hito. ¿Lo mejor? Que al margen de los partidos, millones de mujeres salieron a las calles a reclamar igualdad. A su lado, muchos hombres. Me atrevo a asegurar que el 99% de las mujeres que el viernes protagonizaron esta marcha masiva no se habían leído el manifiesto que cerró las manifestaciones. Tampoco lo escucharon con atención, y muchas, seguro, que no estaban de acuerdo al 100% con todas sus proclamas. También sucede cuando una y uno va a votar. Respalda en las urnas al partido que más se le parece, que más le convence, pero la coincidencia no es total. Aún así apoyas a unas siglas y no a otras. Y el 8-M millones de mujeres en Galicia y España, de diferentes edades y condiciones sociales y económicas, con ideologías diversas, obviaron las disensiones, aparcaron lo que las separa, y se aliaron por el bien común: exigir igualdad, un avance real en los derechos y oportunidades de las mujeres. Esta fue la lección que las mujeres dieron el viernes: buscaron el mínimo común denominador, lo que les une y de la mano salieron a demostrar su hartazgo ante la violencia que las asedia, la brecha salarial, el techo de cristal, ... Cada una gritó sus razones para manifestarse, unas más comedidas, y otras más descaradas y atrevidas en su lenguaje, unas más extremistas y otras más moderadas en sus demandas. Diversas y plurales porque no somos un bloque homogéno. ¡Por favor que lo que las mujeres hemos unido, no lo separen los partidos¡ No les permitamos dividirnos o desactivarnos. El viernes, por segunda vez, las mujeres conjugamos al unísono el sujeto nosotras, aparcamos matices y no hubo nosotras y ellas. Todas juntas porque somos nosotras las que sufrimos más precariedad, mayor riesgo de exclusión y pobreza, porque es a nosotras a quienes asesinan y porque somos nosotras las que tenemos miedo de madrugada, solas en la calle.

| ¿Y ahora qué? El 8-M, el año pasado y este, lo cambió todo y nada. ¿Por qué? Porque ya nada es igual, pero el clamor de las mujeres no se ha traducido en cambios sustanciales en su vida, ni en la del país. Hemos logrado visibilizar la desigualdad y colocar en el centro del debate la causa de la mujer. Nunca se habló tanto de la mujer, pero no bastan palabras. Hay que mantener la tensión, sobre todo ante el surgimiento de partidos que ponen en riesgo lo ya logrado. Se necesitan soluciones. El 8M no fue una fiesta de las mujeres, donde los hombres entraban con invitación. Era una jornada reivindicativa, y ahora es el turno de los políticos. Que tomen nota de las demandas y apliquen medidas. El 28 de abril habrá elecciones generales. Puede ser un buen punto de partida para empezar a renegociar las condiciones del contrato político, social y económico de este país, en términos de igualdad y que todas y todos nos sintamos más a gusto.

| Futuro. Una de las novedades de este 8-M fue el protagonismo de las más jóvenes. Este año había paro estudiantil, y las calles fueron tomadas por las jóvenes, y sus compañeros de instituto y universidad. Significa dos cosas: aún hay mucho que batallar si las más niñas también se sienten vulnerables solo por su género, pero hay futuro y esperanza, si no asumen la situación como normal, si son conscientes de sus derechos y se movilizan. Una encuesta de El País esta semana apuntaba que el empujón del movimiento que reclama la igualdad se debe sobre todo a las menores de 25 años, que se consideran feministas en el 64,5% de los casos, casi el doble que hace cinco años. ¡Bravo!

| A la vanguardia. El Día de la Mujer se celebra en todo el mundo, pero España se ha colocado a la vanguardia del movimiento femenino, como en su día lideró el reconocimiento de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Un motivo para sentirnos orgullosas y orgullosos.

| Pedagogía. Una tarea pendiente es vaciar de perjuicios el feminismo. Todavía suscita rechazo en algunos y algunas. Un claro ejemplo, un sondeo el pasado año investigó las actitudes hacia el feminismo en siete países europeos. A un tercio de los encuestados se les preguntó si eran feministas. En un extremo estaban los alemanes, sólo el 8% se declaraba feminista, en el otro extremo, los suecos:el 40% se colocó la etiqueta. Al segundo tercio de encuestados, se les formuló así la cuestión: "Una definición de feminista es una persona que cree que hombres y mujeres deberían tener iguales derechos y estatus en la sociedad, y recibir un trato igualitario en todos los sentidos. ¿Es usted feminista?". Ya el 42% de los alemanes se confesaba feminista y los suecos ya lo eran en más del 70%. Al tercio restante de participantes, no se les mentó el feminismo, solo se les preguntó: "¿Cree que hombres y mujeres deberían tener los mismos derechos y estatus en la sociedad y recibir el mismo trato en todos los sentidos?". El 80 por ciento de los alemanes respondió afirmativamente. ¿Por qué no gusta el feminismo si obedece a una causa justa? ¡A estas alturas, aún hay que explicar qué es el feminismo!

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