"Observar es modificar" es un pilar del principio de incertidumbre de Heisenberg y "modificar para ser observado" es el pilar del principio de certidumbre de Hollywood.

Los Óscar podrían decidirse, comunicarse y entregarse por correo, pero el más grande negocio del espectáculo del mundo entendió que para dar sus galardones había que hacer un espectáculo colosal. Hace años que el cine ha hecho de su gala de los Óscar un espectáculo televisivo universal sincronizado.

Los protagonistas e invitados se presentan lujosos sobre el suelo rojo de un teatro que parece un palacio y los guionistas crean suspense y lo resuelven en emociones, todo en una gala conducida con ingenio y ritmo, música y luz, para que los Óscar sean metaespectáculo, espectáculo sobre el espectáculo.

Como el espectáculo se rige por sus leyes, ahora, la gala importa más que los premios, la forma que el fondo, y por eso propusieron quitar cuatro galardones de la vista del público para que no decaiga su atención.

En eso recularon, pero importa tanto lo que se diga en la gala que no tienen presentador por unos chistes homófobos que hizo Kevin Hart cuando había tolerancia uno en la mayor industria mundial donde ser gay y triunfar está mejor conciliado desde hace décadas y décadas. Otra paradoja, como que la fábrica de guiones que más depende de la tolerancia sea intolerante con el humor de la gala y tan tolerante con la intolerancia rancia, perfectamente comparable a que el mayor relajante moral del planeta esté apabullado por el Comité de Damas de las Buenas Costumbres.

La gala de Hollywood representará lo que no es. Quizás el año próximo Hollywood encontrará para su problema de presentador una solución tecnológica de Silicon Valley.