14 de febrero de 2019
14.02.2019

Respetar las creencias ajenas

14.02.2019 | 02:16
Respetar las creencias ajenas

Hay algo bueno en aquello que sorprende: normalmente tiene la complacencia de la reflexión. Últimamente, la humanidad parece ennoblecerse con el verbalismo, acepta absolutamente todas las palabras sin tener en cuenta los hechos. A veces me pregunto si somos reales...

La retórica siempre dispone de la ocasión perfecta para hacer su trabajo. La mayoría de las veces no responde a una idea concreta, suele pensar en acertar sin pensar, y además, suele ser una gran imitadora, la verdad: en ella no se percibe el esfuerzo mental. La retórica es una loba con ganas de atacar; lo absoluto es terriblemente tenebroso, en su contorno merodea la tragedia y por supuesto el drama. Sí, hay días que duele la existencia, que uno tiene ganas de escapar de un mundo empeñado en resaltar lo sombrío y distorsionar la luz. Creo que la vida es sentimiento, y es deber respetar los ajenos, igual que los propios. Nadie se puede sentir triunfante atacando las creencias de los demás, sean de la índole que sean; a través de ellas nuestra vida tiene un valor menos material, y por ello deben ser respetadas.

En toda creencia hay un estremecimiento personal y expresarlo es darle forma a la superficie interior de cada uno. Son tiempos de extremada dureza, posiblemente se deba a la ausencia de pensamiento, todo está trazado desde la inmediatez. Igual no somos conscientes de la corta vida de la síntesis y el análisis de barra de bar... El conocimiento da tono a la vida, junto a su atmósfera acontecen los mejores trabajos del pensamiento, los mismos que a la larga son repertorio de la prudencia y el entusiasmo. La vida galopa sobre nuestra respiración, y cada persona es libre de emocionarse con lo que quiera, faltaría más...

La autenticidad, muchas veces se castra con la falta de respeto, observen la interpretación que muchas personas le dan a los adjetivos calificativos y a continuación verán la fragmentación de muchas personalidades. Sí, todo aquello que nos impide ser nosotros mismos, nos anula. Es mejor ser original que copia, pero para ello hay que ser uno mismo, con sus creencias y sus convicciones, teniendo la certeza que lo discutible muchas veces es tiempo perdido.

A primera vista lo fácil parece lo más atinado, pero no es así, en torno al esfuerzo nacen las cuestiones que nos sujetan a la tierra.

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