11 de febrero de 2019
11.02.2019
Crónica Política

Los vaivenes

11.02.2019 | 01:48
Los vaivenes

Ahora mismo, y con todo lo que lleva caído sobre el urbanismo gallego, no puede extrañar que sean en cierto sentido muchos los que cuestionen la seguridad jurídica que afirman garantizada quienes se ocupan de su control. Y aunque es posible que esa sensación sea sólo eso, o que la duda se plantee desde sectores interesados o poco duchos en la materia, hay algunos indicios que no contribuyen precisamente a reforzar la necesaria confianza general en que todo marche bien, que las infracciones lo sean y por lo tanto las sanciones se ajusten bien a la norma.

Esos indicios se fundamentan en datos indiscutibles. Por ejemplo, el de que una de las constantes de los gobiernos que han sido en estos cuarenta años, se refieren a que cada uno de ellos ha elaborado su propia ley y reglamentos, sometiendo al sector inmobiliario a constantes vaivenes incluso a pesar de que la mayoría se conformasen por el mismo partido. Y eso ha significado retrasos en los planes, dudas en los municipios y confusión a la hora de conceder licencias que ahora se fijan como requisito previo, por ejemplo, para acogerse a la reciente modificación de usos de edificación en suelo rústico.

Naturalmente, esa autorización se asienta en un texto legal, el de la vigente Lei do Solo, como no podía ser de otra manera. Pero el hecho mismo de que para ajustar las condiciones haya sido necesario un cambio en aquel texto refuerza, al menos en opinión de quien esto escribe, la sensación de que eso, el urbanismo -con toda la importancia que tiene para el progreso económico, territorial y social de Galicia- anda, sino en alfileres, al menos sí en un vaivén tan frecuente que es un milagro que quienes lo padecen no acaben con un mareo que los incapacite.

(Item más. A esa sensación de inseguridad jurídica contribuyen elementos que acrecientan las sospechas o al menos la desconfianza. Uno de ellos, y no precisamente menor, deriva de la abundancia de ejemplos en los que las mociones de censura en concellos gallegos se pactan -o "arreglan"- garantizándose la concejalía de Urbanismo a tránsfugas las más de las veces a cambio de los apoyos que necesita el alcalde censurante para ocupar la silla del censurado. Y como aquí, al igual que allá o acullá, nadie da algo a cambio de nada, hay que suponer que ese área resulta especialmente importante o -políticamente- rentable.)

De lo que se trata, en definitiva, es de plantear la posibilidad de que, por ejemplo al igual que la Educación lo está pidiendo a gritos, se llegue a un gran Pacto sobre el Urbanismo. Que, por razones obvias, sería mejor que abarcase a la comunidad y no al Estado, pero que vendría especialmente bien para todas las partes interesadas: a la Administración, para no tener que reciclarse cada poco tiempo, y a los administrados a los que ese modo nadie -o casi- volvería locos y/o desconfiados. Y ya de paso haría imposibles, o al menos mucho más difíciles, las golferías que tanto daño han hecho y/o hacen a la imagen de un país serio como en definitiva quiere ser éste antiguo Reino.

¿Verdad??

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