02 de febrero de 2019
02.02.2019

La vida consagrada, presencia del amor de Dios

02.02.2019 | 01:41
La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Cuando toda la Iglesia se estaba preparando para la tan esperada fiesta del comienzo del tercer milenio, el Papa Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, cuya primera celebración tuvo lugar en la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo del año 1997. Desde entonces seguimos viviendo con gozo esta Jornada que toca las fibras más íntimas de nuestras vidas.

Tres eran los fines principales que Juan Pablo II se proponía con la celebración de esta Jornada. En primer lugar, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada quería responder a la íntima necesidad de alabar más solemnemente al Señor y darle gracias por el gran don de la vida consagrada.

En segundo lugar, esta Jornada tiene como finalidad promover en todo el Pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la vida consagrada. En este sentido, comentaba entonces Juan Pablo II, la vida consagrada está al servicio de la consagración bautismal de todos los fieles. Al contemplar el don de la vida consagrada, la Iglesia contempla su íntima vocación de pertenecer solo a su Señor.

El tercer motivo se refiere directamente a las personas consagradas. En esta celebración todas las personas consagradas son invitadas a celebrar juntas y solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en ellas. De este modo podrán testimoniar con alegría a los hombres y mujeres de cada tiempo que el Señor es el Amor capaz de colmar el corazón de la persona humana.

La Jornada de la Vida Consagrada se celebra cada año en la fiesta en que se hace memoria de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo. Esta escena evangélica revela el misterio de Jesús, el consagrado del Padre, que ha venido al mundo para hacer su voluntad. La Presentación de Jesús en el templo constituye así un icono elocuente de la donación total de la propia vida por quienes han sido llamados a reproducir en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos de Jesús virgen, pobre y obediente. ( Cfr. Vita Consecrata, n.1)

A la presentación de Cristo se asocia María que, como Virgen Madre que lleva al Templo al Hijo para ofrecerlo al Padre, expresa muy bien la figura de la Iglesia que continúa ofreciendo sus hijos e hijas al Padre amoroso, asociándolos a la única oblación de Cristo, causa y modelo de toda consagración en la Iglesia.

La Iglesia nos convoca este año de 2019 para la celebración de la Jornada de la Vida Consagrada bajo el lema "Padre nuestro. La vida consagrada presencia del amor de Dios".

La Conferencia Episcopal nos invita a vivir la Jornada de este año como un acto de especial agradecimiento al "Padre nuestro" y a todo consagrado y consagrada, que con su vida es presencia del Amor de Dios.

En una de las catequesis sobre la santa misa, el Papa Francisco dedicó unas palabras muy hermosas al Padre Nuestro. En ellas nos decía que cuando nosotros rezamos el Padre nuestro, rezamos como rezaba Jesús. E insistía en decirnos que el Padre nuestro es la oración que hizo Jesús y nos la enseñó a nosotros. Y nos pidió que más allá de la misa, rezásemos el Padre nuestro por la mañana y por la noche, en los Laudes y en las Vísperas, de tal modo que el comportamiento filial hacia Dios y de fraternidad con el prójimo contribuyan a dar forma cristiana a nuestros días. ( Cfr. Papa Francisco, Audiencia General. Miércoles, 14 de marzo de 2018).

Este es el mensaje que la Iglesia nos hace llegar a los consagrados para la celebración de esta Jornada de la Vida Consagrada de 2019: Cada consagrado, con su vida y testimonio, nos anuncia que Dios es Padre. Su hijo Jesús nos enseñó una oración, el Padre nuestro, que expresa la relación que Dios tiene con cada uno de nosotros, sus hijos y sus consagrados.

Os invito a todas las personas consagradas de nuestra Diócesis de Tui-Vigo a que vivamos intensamente unidos esta Jornada de la Vida Consagrada, sintiéndonos cada vez más familia diocesana en el amor de un Dios lleno de misericordia.

Con esta ocasión quiero agradecer profundamente al P. Alfredo García, CMF, su entrega y su misión entre nosotros como Delegado Diocesano de la Vida Consagrada, especialmente su llamada permanente a una necesaria participación de todos en la renovación pastoral de nuestra Diócesis.

Con todo mi cariño y gratitud.

*Obispo de Tui-Vigo

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