De estar de perfil, Sánchez ha pasado a ponerse de frente y elevar el tono con Maduro. Primero, coincidiendo con la postura europea, le exigió cumplir con el ultimátum para convocar elecciones y ahora lo llama cada vez que tiene oportunidad de hacerlo "tirano". Convendrán conmigo que un tirano es la persona menos indicada para preparar las urnas, por eso Maduro, con la intención de ir ganando tiempo, ha dicho que está dispuesto a hablar de legislativas pero no de presidenciales.

El palacio de Miraflores de Caracas es propiedad de un okupa decidido a seguir amañando los resultados de las votaciones y reprimiendo a su pueblo, algo que a estas alturas nadie desconoce salvo Zapatero que como mediador ha avalado hasta ahora el chavismo en Venezuela. Incluso los que cándidamente proponen la idea extravagante de que sea el presidente ilegítimo el que convoque las elecciones saben que Maduro se comporta como un tirano y está dispuesto nuevamente a hacer trampas.

Coincidiendo con la clausura del Consejo de la Internacional Socialista y, supongo, con la percepción demoscópica que tiene de este asunto, Sánchez ha vuelto a llamar "tirano" al dictador de Venezuela. Pero hay otra circunstancia que seguramente ha actuado como un resorte en el presidente del Gobierno y es que Maduro haya respondido a su exigencia de elecciones poniendo como ejemplo la negativa de Sánchez a convocarlas en España después de la moción de censura. La bicha no se puede mentar.

Guaidó, a su vez, convocaba nuevas movilizaciones para a animar a los militares a rebelarse, la única forma, supongo, de derribar al tirano antes de hundirse con él.