D. Fernando Sebastián Aguilar, nació en Calatayud el 14 de diciembre de 1929, y ya desde pequeño manifestó precoz interés por las ciencias físico matemáticas, por eso, cuando de joven respondió a su vocación religiosa, la vivió como concertación entre el saber científico y la acción católica. Marchar a Japón como misionero fue persistente ilusión desde 1945, año de su ingresó en el Noviciado de los Misioneros Claretianos. Ya sacerdote, en Roma y Lovaina amplió su formación teológica con quienes posteriormente serían los grandes pensadores del Concilio Vaticano II.

En 1967, Fernando Sebastián se incorporó a la Universidad Pontificia de Salamanca. Su éxito magisterial le expandió en merecida fama por toda la Iglesia española. Promovido como Rector a la más alta gestión universitaria, demostró que un eminente intelectual podía ser, al mismo tiempo, excelente ejecutivo. Estupor análogo al de clérigos escépticos que, recelando de su capacidad pastoral como hombre de letras, hubieron luego de reconocer su acertada labor en las Iglesias de León, Granada, Málaga, Pamplona y Tudela como Obispo, Administrador Apostólico, Arzobispo y Cardenal de la Iglesia. A lo que se añade su eficacísima gestión de Secretario y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española. Tuvo cualificadas encomiendas pontificias como miembro de varios Sínodos Episcopales y como experto consejero de algunas Congregaciones Romanas. Teólogo y asesor de confianza del Papa Francisco, deja un legado magisterial publicado en decenas de libros, centenares de artículos y casi un millar de escritos pastorales de alto nivel. Numerosas fueron también sus intervenciones habladas en los más diversos foros. Al menos dos conferencias de indudable interés histórico merecen recordarse: la famosa homilía pronunciada en la Iglesia de San Jerónimo el Real por el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón durante la misa de acción de gracias por la subida al trono del Rey Don Juan Carlos y cuya autoría secreta pertenecía a Fernando Sebastián. O la célebre conferencia que pronunciara en 1984 en el Club Siglo XXI de impacto ante el gobierno de Felipe González. Últimamente su libro de Memorias ha suscitado también gran interés por su sincero análisis sobre episodios y personajes de la historia española en los últimos decenios del siglo XX y primeros del XXI. Pero, por encima de tantos méritos, el supremo valor del difunto Cardenal Fernando Sebastián reside, sin duda, en el testimonio cualificado de su fe en Jesucristo, que le comprometió al máximo en un sacrificio personal por la Iglesia a la que amaba intensamente. Testimonio muy valioso en tiempos de agnosticismo, pues demuestra que una profunda espiritualidad cristiana es compatible con la mente ilustrada de los mejores intelectuales.

*Exrector de la Universidad Pontificia de Salamanca