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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El balance

Así pues, demostrado un nuevo fracaso en la demoscopia electoral -aunque esta vez se trata de encuestas internas- lo que ahora queda por determinar, y no disponen de mucho tiempo quienes hayan de hacerlo, es un balance más profundo que el aritmético de lo que ha sucedido en En Marea. Porque la victoria de Luís Villares -o la clara derrota de los "críticos", que parecen las caras opuestas de la misma moneda pero no son sólo eso- ha de suponer necesariamente una reflexión, seguida de actuaciones, sobre cuanto ha ocurrido hasta ahora y sus consecuencias.

Quien esto opina no pretende afirmar, ni siquiera insinuar, la necesidad de iniciar un periodo de "purgas", al viejo estilo de los antiguos referentes de no pocos de los que se mueven en EM. Pero, dicho eso, es evidente también que no podrán actuar los vencedores como si nada hubiese ocurrido, porque sería un error aún mayor que el de iniciar un tiempo de revanchas. Y es que si algo ha quedado claro, tal como estaban planteadas las cosas, es que los militantes quieren algo más que marejadas. Y seguramente ese deseo es el de inicio: una fuerza plural, pero coordinada.

En el análisis posterior a un tiempo de turbulencias -que ha de realizarse, además, en horas poco propicias para las conclusiones trascendentes-, conviene añadir algo: si el esquema de partida era el que casi todo el mundo, al menos desde fuera de la organización, aceptaba -en síntesis, poder municipal frente a estructura central- los alcaldes han sido derrotados. Y no advertir que eso tendrá consecuencias externas e internas, electorales y políticas, sería como cerrar los ojos e imaginar que nada ha pasado y todo sigue igual.

(Incluso existe, como efecto colateral de estas primarias, una pregunta de momento sin respuesta. La que se refiere no ya solo a la operatividad de una confluencia planteada como se planteó En Marea -por más que los cofundadores intentasen cabalgar sobre sus contradicciones a lomos de un misma jaco denominado parttido instrumental- sino a su misma posibilidad de existir y cohesionarse. Siempre parece factible en la teoría, pero la práctica es a menudo más realista porque incluye, a la fuerza, el protagonismo de las personas. Y por ahí resopla?).

Es obvio que lo que sea sonará, y además que no tardará demasiado. Por eso, seguramente, convendría -desde un punto de vista personal y por supuesto sin pretender en absoluto aconsejar a alguien- que los triunfadores hagan su trabajo pensando en el suprerios interés de Galicia, que no practiquen el " Vae victis" ni insistan en la inverosímil prédica del " totus tuus" o el aquí paz y después gloria. Porque aunque para llegar a la segunda es preciso ganar la primera, además hay que asegurarla y garantizarla. De lo contrario, el invento desembocará en el taifato interno y el balance será, seguramente, la nada.

¿O no?

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