08 de diciembre de 2018
08.12.2018

Cualquier pretexto es bueno para una nueva carrera de armamentos

08.12.2018 | 02:20
Cualquier pretexto es bueno para una nueva carrera de armamentos

Cualquier pretexto es bueno para reimpulsar la carrera de armamentos sobre las cabezas de los europeos: desde un nuevo misil ruso denunciado por Washington hasta el rearme de una China cada vez más segura de su papel en el mundo.

Rodeado por un equipo de halcones, el presidente Donald Trump no oculta su deseo de abandonar el llamado tratado INF, que firmaron en 1987 el presidente Ronald Reagan y su homólogo soviético, Mijail Gorbachov.

Ese acuerdo sirvió para eliminar los llamados misiles de crucero, tanto los dotados de cabezas nucleares como los convencionales, con un alcance de entre 500 y 5.000 kilómetros.

El INF se consideró en su día un hito para la seguridad en Europa, donde ambas superpotencias tenían desplegados centenares de armas de ese tipo, que apenas dejaban tiempo de reacción al enemigo.

Aquel documento sólo obligaba en un principio a Estados Unidos y la URSS, pero, al desaparecer esta última, tras la caída del telón de acero, se extendió a sus países sucesores como Bielorrusia, Kazajistán o Ucrania.

El presidente Barack Obama fue el primero en acusar a Rusia de estar incumpliendo lo pactado por ambos Gobiernos con el desarrollo de un nuevo misil de alcance medio, conocido por la OTAN como el SSC-8, aunque no llegó a tomar ninguna medida punitiva.

Según los expertos, el SSC-8 es una versión más moderna del sistema Kalibr, que utiliza la Armada rusa, y como los misiles balísticos de corto alcance Iskander, que Rusia tiene en Kaliningrado, puede llevar cabezas nucleares.

Rusia niega, sin embargo, haber violado el INF y acusa a su vez a Washington de utilizar con el pretexto de una supuesta amenaza nuclear iraní y norcoreana sistemas prohibidos por ese tratado.

La desconfianza entre los dos Gobiernos no deja de crecer y esta semana el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, dio una vuelta de tuerca más al lanzar desde la sede de la OTAN un ultimátum de sesenta días a Moscú para que "vuelva al cumplimiento total y verificable" de lo que firmaron Reagan y Gorbachov.

Trump, que dice un día una cosa y otro, la contraria, sin inmutarse, se había declarado antes dispuesto a nuevas negociaciones con los rusos sobre las armas de alcance medio siempre y cuando se sumara a ellas China.

No deja de ser un buen pretexto ya que difícilmente iba a aceptar el gigante asiático destruir cerca del 90 por ciento de su arsenal misilístico. Y eso lo saben perfectamente tanto Washington como Moscú.

Según los expertos, lo más probable en la nueva fase de rearme que parece que se nos viene encima es el desarrollo de una nueva generación de misiles hipersónicos, capaces de atravesar fácilmente las defensas enemigas.

Rusia ha desarrollado ya un arma de ese tipo; China está trabajando también en esos sistemas mientras que el Pentágono se dice preocupado porque lleva cierto retraso con respecto a su rival asiático.

Los halcones a uno y otro lado del Pacífico y con ellos, las industrias de armamento, deben de estar frotándose las manos. Y los europeos mientras tanto, ¿no tenemos nada que decir?

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