12 de noviembre de 2018
12.11.2018

Un vigués que nunca fue a las Cíes

12.11.2018 | 02:34
Un vigués que nunca fue a las Cíes

Un vigués que nunca visitó las Cíes escribió la más popular de las leyendas sobre el archipiélago. Se trata del drama de los "Herminios", refugiados en las islas, para huir de los romanos, y de Julio César, que los cercó hasta rendirlos por hambre.

Ese vigués es Teodosio Vesteiro Torres, al que tarde y con cierta cicatería, una corporación municipal dedicó un parque con su nombre en Coia.

Sólo tenía 28 años justos, los que quiso tener, para despedirse, pero legó unas semblanzas que por sí solas merecen que su nombre figure entre los escritores de más talla de la época.

Además de crear la leyenda de los Herminios y Julio César, que engrandece las Cíes, se le debe otra impresionante primicia. Es el primero en dar a conocer la existencia del más grande de los poetas de Galicia, Martín Codax, a los pocos meses del descubrimiento en la Biblioteca Vaticana de las cantigas de los trovadores de la ría.

Nadie en España había escrito una palabra sobre Martín Codax, cuando él lo dio a conocer en un espléndido artículo.

Como regalo a los vigueses deja el recuerdo de uno de los personajes más novelescos, muerto en un duelo en La Habana: Isidoro Araujo de Lira. Boucense de nacimiento, fue, entre otros muchos desempeños, periodista y fundador del periódico más importante que nunca hubo en Cuba, "El Diario de la Marina". Lo cerró Fidel Castro a su llegada al poder, ya que prefirió tener un único periódico en la isla, "Gramma".

Los dos primeros trabajos, los más universales por su repercusión, están publicados en su libro póstumo, "Monografías de Vigo". El tercero aparece en su obra cumbre "Galería de Gallegos ilustres", de la que aparecieron varios tomos. No la concluyó porque el 12 de junio de 1876, la fecha en que cumplía 28 años, se suicidó de un tiro en las inmediaciones del Museo del Prado.

Tenía la misma edad que Larra, con quien forma la pareja más trágica de la historia de la literatura española.

Poeta, ensayista, también músico, e historiador, en su breve etapa en Madrid, había fundado "La Galicia Literaria", la efímera asociación de escritores residentes en la capital Ð entre ellos Curros Enríquez, su gran amigoÐ, con más proyección que nunca ha habido.

Tras escribir "Los herminios", su nombre resulta inseparable de las Cíes. Forma parte de su patrimonio inmaterial, y nadie puede arrebatarle un lugar de honor entre los personajes que escribieron o visitaron el archipiélago, que él no llegó a pisar.

De lo publicado sobre la presencia romana en Galicia, nadie antes había aludido a la tribu lusitana de los "Herminios", que emigraron a refugiarse en las Cíes.

Es Vesteiro quien trae a la ría a Julio César, en busca de fama y dinero, a derrotarlos y pacificar Galicia, antes de sus famosas expediciones a las Galias Ð ¿quién no recuerda su "De bello Galico"?Ð, y a Britania.

Vesteiro es el creador del mito.

Si toda gran epopeya necesita un personaje que la conciba y la haga reconocible, en el mundo legendario de las Cíes, es este joven y trágico escritor, quien fabula con la figura de Julio César y los indómitos lusitanos.

Bien merece un recordatorio, cuando este año se cumplen 140 años de la publicación de sus "Monografías de Vigo", libro póstumo, editado en la Imprenta de "La Concordia", el gran periódico rival del Faro durante el medio siglo que estuvo en el mercado. Son dieciocho relatos que merecen ser leídos.

Vesteiro es de esos raros casos de escritores que son más conocidos después de desaparecer.

Su notoriedad nacional comenzó poco después de su muerte por la gran polémica que desató Pedro Antonio de Alarcón, uno de los grandes de la literatura hispana. Invitado a colaborar en la "Corona fúnebre" Ð florilegio de poemas en honor del difuntoÐ, se negó, y vituperó la decisión de Vesteiro de suicidarse, en un sonado artículo que publicó en "La Ilustración española y americana".

Argüía que habían pasado los tiempos del romanticismo, y a aquella altura del siglo sólo se suicidaban los comerciantes que se arruinaban.

El texto fue duramente contestado por Curros, Novo y otros escritores gallegos, a quienes había indignado. Rechazaron que la "corona" fuera una exaltación del suicidio.

Fue la polémica ético moral más sonada que se libró en aquel tiempo de increíbles pugnas literarias, algunas de las cuales acababan en duelo.

La "corona fúnebre" tardó bastante tiempo en publicarse, y finalmente otro de sus grandes amigos, Valentín Lamas Carvajal, lo hizo en "El Heraldo" de Ourense.

Ahora, al son de las Cíes, que esperan el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Mundial, vuelve Vesteiro Torres con toda su fuerza y creatividad, en este aniversario de sus "Monografías de Vigo". Un libro reeditado en edición facsimilar por el Instituto de Estudios Vigueses.

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