10 de noviembre de 2018
10.11.2018
Crónica Política

El regalo

10.11.2018 | 02:42
El regalo

A estas horas, transcurridas ya unas cuantas desde la reunión, ni siquiera los interpretadores más avezados habrán conseguido, al traducir el lenguaje oficial, saber con exactitud qué futuro les espera a los cientos de personas que tienen en el aire sus empleos en Alcoa. Y no solo porque los protagonistas de la reunión no se expresaron como exigían los antiguos que había que hacerlo -"como Cristo nos enseña"- y manejaron demasiado las fórmulas abstractas, sino porque, sinceramente, unos cuantos de entre ellos tienen menos autoridad moral que Rasputín.

Y eso no es lo único malo de una reunión que ha convencido a tan pocos que ni siquiera suministró a los trovadores oficiales material para las loas y alabanzas. Seguramente tan escaso entusiasmo no se deba solo al recelo que provocan unas vísperas electorales cara a las cuales ningún político quiere "quedar mal", sino que la gente del común está ya acostumbrada a que entre el dicho de los políticos y el hecho de su gestión no haya solo una brecha, sino un abismo. Y por tanto, ha depositado su fe -siempre relativa- antes en los "papeliños" firmados y sellados que en los discursos, anuncios y balances oficiales.

(Dicho eso, convendría matizar que esa visión general, lo bastante pesimista como aconsejan los precedentes, no tiene causas idénticas en todos los personajes. Seguramente los iguala, de partida, esa costumbre que tienen quienes gobiernan la res publica en sus variados sectores a exagerar los buenos resultados y minimizar los fracasos cuando los reconocen, que es casi nunca. Pero en todo caso, y a fuerza de ser sinceros, el nivel de credibilidad de los presidentes asturiano y gallego es a día de hoy muy superior al de cualquiera de los miembros del Gobierno de España. Urnas dixerunt, que no encuestas, y menos las del CIS de Tezanos).

Es por eso, entre otros argumentos que podrían añadirse, que lo ocurrido en Madrid este jueves no parece el sonido de los clarines anunciando victoria. Ni siquiera aunque no se haya rechazado -todavía- el que pareció mejor argumento del señor Núñez Feijóo acerca de la necesidad de una tarifa eléctrica estable, al menos por cinco años, para convencer a la multinacional de que se quede. Y es que la oferta "huele" al sistema de ayudas públicas -ya fracasado-, y significa aceptar que lo dicho por Alcoa sobre que la causa de su marcha era el encarecimiento de la energía era cierto. Aunque hay expertos que lo discuten y lo creen solo excusa.

En este punto, y también como una opinión personal, quizá no estorbe la idea de que el pertinaz silencio que todos guardan sobre el asunto del dinero público ya entregado a Alcoa forme parte de algún tipo de propuesta para que la empresa siga donde está. Porque parece que mil millones en diez años y la posibilidad de exigir su devolución en todo o en parte no parece una mala baza negociadora. Porque las demás tienen puntos débiles para las Administraciones y la dirección de cara a lograr la retirada del ERE. Lo que hay que saber a ciencia cierta es si aquel dinero se entregó bajo control con condiciones y garantía de retorno en caso de incumplimiento, o fue un regalo. Lo que sería, desde luego, imperdonable.

¿No...?

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