03 de noviembre de 2018
03.11.2018

Pietà, rispetto, amore

03.11.2018 | 02:52
Intérpretes, músicos y coro reunidos sobre el escenario, ayer durante uno de los últimos ensayos en el teatro. // J. Lores

Así comienza la hermosa aria de Macbeth, en el acto final, en la que se da cuenta que todo ha sido para nada, que su vida está vacía. El génesis de la ópera está en 1846 en el balneario de Recoaro, dónde Verdi le confiesa a su amigo, el escritor Andrea Maffei, el interés por componer una ópera basada en la obra homónima de Shakespeare. Allí mismo comienza a realizar el esquema de un libreto que encargaría a Piave, pero que sería supervisado y modificado por el propio compositor en numerosas ocasiones, dando lugar una obra maestra, a una ópera "senz'amore", en la que el protagonista masculino no es el tenor algo que, si bien no era novedoso, era inusual para la época.

Macbeth es un hombre contradictorio, complejo, víctima de sus propias acciones, del remordimiento y de la continua manipulación de su psicópata esposa. No hay amor. Es un drama psicológico mayúsculo en el que Verdi confío su protagonista a un barítono para conseguir, vocalmente, toda la hondura y complejidad que tiene el personaje. La manera de cantar de los tenores, en la primera mitad del siglo XIX, no podía ofrecer tantos matices vocales. Para ello, se requiere a un gran cantante que tenga múltiples recursos vocales para frasear, para colorear y para transmitir vocalmente todo lo que le sucede y, además, tiene que ser un gran actor. A su lado, como Lady Macbeth, debe estar una soprano dramática de agilidad que pueda hacer frente a las difíciles exigencias vocales que le puso Verdi.

Se estrenó en Florencia en 1847 y contó con un grandísimo reparto encabezado por Felice Varesi y Marianna Barbieri-Nini, quiénes fueron sometidos a un duro plan de ensayos. Cuenta la soprano que, durante tres meses, ensayó la escena del sonambulismo y que, el mismo día del estreno, los hizo cantar acompañados de un piano para repasar sus dúos. Posteriormente, tras revisarla el propio compositor, se reestrenaría en París en 1865. La versión que disfrutaremos en nuestro "Otoño Lírico".

Volviendo al principio, se dice que un error de transcripción llevó a cambiar, en la partitura, el término "amore" por "onore", de ahí que existan diferentes versiones del aria con los dos términos. Pero da igual, todas las tribulaciones del rey de Escocia lo llevaron a morir solo, sin piedad, sin respeto y sin amor (ni honor).

*Director artístico de la AAOV

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