13 de junio de 2018
13.06.2018

Después de la moción de censura (I)

13.06.2018 | 04:05
Después de la moción de censura (I)

El cambio de gobierno traído por la aprobación de la moción de censura ha tenido el efecto de una tormenta liberadora que arrastra la pesadez asfixiante del aire detenido. Todo se pone en movimiento y aparece la necesidad de hacer política para todos los actores políticos si quieren imponerse e, incluso, sobrevivir. Cierto que en un espacio de tiempo limitado (el que falta para acabar la legislatura, todavía menos si pensamos en las elecciones autonómicas y municipales de 2019) no se pueden hacer muchas cosas. Pero lo que se haga hoy hay que hacerlo ya y muy bien, con gestos y acciones muy medidos, si se quiere atraer a los electores en las sucesivas elecciones. Es la hora de la política para los cuatro grandes partidos estatales. Todos parten con cartas favorables (quizás con la excepción de Ciudadanos que depende más del juego de los otros contrincantes) que exigen ser jugadas diestramente pues cualquier error en el corto plazo puede ser mortal para las aspiraciones ganadoras del jugador.

Por lo que se refiere al PSOE ha logrado traer a primer plano la figura de su líder, unir al partido con la argamasa del poder y obtener favorable situación de partida ante el calendario electoral, superando así su estancamiento y atonía. Sería tremendo error minusvalorar a Pedro Sánchez. Puede que no sea consistente intelectualmente, que no sepa bien lo que es una nación, como le dijo un compañero. Pero su tenacidad y dureza es admirable, su capacidad de encajar golpes, su talento para los gestos y su oportunismo y falta de escrúpulos en lo relativo a "donde dije digo, digo Diego" lo son también. Cuando se gobierna, sin embargo, no basta con una política de gestos y grandes palabras, invitación genérica al diálogo y a consenso, sin duda necesarios, es preciso decidir. Y ahí radica la debilidad del líder del PSOE que es la de su partido, su ambigüedad esencial, su columpiarse entre la camisa rota de Camarón y la corbata azul del perfecto ejecutivo, entre las afirmaciones de una vaporosa plurinacionalidad del estado o de su naturaleza de izquierda y el temor a las acciones concretas que se deducen de aquellas.

Esta insuficiencia de las palabras y de los gestos para encauzar o resolver los problemas, grandes conflictos, que afectan al país, es la principal baza de Podemos y sus alianzas, que necesitan realizar una oposición dura sin permitir al PSOE que se instale cómodamente en el poder, haciendo frente solo a la derecha. Una oposición que exige una política muy sutil, decidida en la defensa de las necesidades concretas de la gente e imaginativa en las soluciones propuestas y que ponga de manifiesto las incoherencias del PSOE, la distancia tremenda entre las esperanzas nacidas de las promesas y su satisfacción. Una política no basada en el gesto pues no se olvide que, gesto por gesto, será preferido en general el del PSOE.

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