09 de abril de 2018
09.04.2018
tribuna del lector

Riqueza, pobreza y miseria

09.04.2018 | 02:17
Riqueza, pobreza y miseria

Como todos sabemos, la riqueza es para aquellos que tienen más de lo que necesitan. La pobreza son aquellos que tienen solo lo que necesitan. La miseria son aquellos que no tienen lo que necesitan.

La riqueza no es buena ni mala, depende como se use. Cuando la riqueza se usa para crear puestos de trabajo y se comparte con los demás, es buena y meritoria.

Pero la riqueza muchas veces se usa en propio provecho y para satisfacer el propio capricho, entonces es malo y condenatorio.

Jesús de Nazaret, que celebramos su resurrección, es muy duro con la riqueza no bien usada. Dice que al rico le es más difícil entrar en el reino de los cielos que a un camello entrar por el agujero de una aguja de coser.

Yo he conocido a ricos grandes con una piedad para los más desesperanzados, y he conocido a ricos ruines que, por no invitar a café en el bar del pueblo, decían que no podían invitar porque pagaban el café una vez al mes.

La pobreza es la más común de los mortales, cubrir nuestras necesidades y no sobrarnos en demasía. En la pobreza es donde se dan las vidas más ejemplares y meritorias. En la pobreza es donde se dan las vidas que son referencia.

El dar algo de lo que tú necesitas es meritorio y grande, y cuando hay mucho amor el sacrificio se convierte en gozo. La pobreza te invita a estar desprendido de las cosas y te hace realmente libre.

La miseria es mala, pues el hombre al no tener techo se hace muchas veces agresivo, y la falta de higiene le hace un ser repulsivo. De todas formas a lo largo de mi vida he conocido ricos que son unos miserables. He conocido pobres muy ricos por su gran riqueza interior. He conocido miserables humildes que sabían pedir sin rencor y les ayudabas con gusto. La auténtica riqueza reside en el interior de uno y con el ajetreo actual no queda tiempo de cuidar el interior y se vive solamente de lo que ves en el exterior.

Necesitamos momentos de paz en nuestras vidas para reflexionar frecuentemente de dónde venimos, por qué vivimos y a dónde vamos. En estos días, en que celebramos la resurrección de Cristo, nuestra reflexión nos debe de llevar a la alegría de saber que somos queridos por nuestro Padre Dios y que su hijo Jesucristo obediente murió en una cruz para redimirnos, y que resucitó y con él nosotros, y que tendremos un final feliz.

Miembro del Club 55

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