30 de agosto de 2017
30.08.2017
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tribuna del lector

Reflexiones

30.08.2017 | 02:21
Reflexiones

Los días de vacaciones son adecuados para descansar, reflexionar y filosofar.

Los gallegos somos los más filósofos con diferencia y de ahí la incomprensión de gentes de más allá del Padornelo.

En estos días he sentido en mi alma un enorme agradecimiento a mi Dios en que constato que:

Cuando miro, veo

Cuando escucho, oigo

Cuando palpo, siento

Cuando paladeo, gusto

¡Qué poco valor le damos a estas grandes riquezas que tenemos!

El ciego daría todo el oro del mundo por ver. De los grandes valores que uno puede tener creo que la fidelidad es el gran valor. Nosotros los creyentes llevamos más de tres milenios profesando que la fidelidad es el gran valor. Abraham deja su tierra y va camino de su nuevo país siguiendo el mandato del Señor. La fidelidad de Moisés llevando al pueblo escogido, esclavizado más de cuatrocientos años en Egipto, a la tierra prometida aunque él no entró. Los apóstoles con su martirio fueron fieles a Jesús de Nazaret en un mundo totalmente materializado.

Hoy a los ciudadanos del siglo XXI si hay algo que nos falta es la fidelidad.

El 50% de la gente joven no se casa ni por lo civil ni por lo religioso. El matrimonio sea civil o religioso es un compromiso de amor. Cuando nos casamos prometemos ser fieles en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza, etc ...

Hoy los que viven en pareja, muchos con hijos, me dicen que se entienden muy bien. ¡Ojalá que no surjan problemas de salud o económicos!

La fidelidad debe extenderse no solo al matrimonio, sino a todos los aspectos de la vida. Un buen amigo es un tesoro y uno puede tener muchos amigos si se acostumbra a menudo a ver a otro lado. No hay amigo perfecto, igual que no hay cónyuge perfecto, y esto hay que extenderlo a nuestra relación como hijos o como padres.

El secreto de la vida es el amor y no hay que poner condiciones. El mayor destructor del amor es la continua queja y echar en cara los defectos de los demás.

Todos somos pecadores, y como decía un buen amigo mío en plan de broma "a mí en humildad no me gana nadie". La humildad nos viene bien a todos para no exigir a los demás la perfección; solo Dios es perfecto.

Las vacaciones se terminan y lo deseable es que hayamos recargado las pilas. A veces las vacaciones pueden ser motivo de distanciamiento con el cónyuge, eso demuestra una gran inmadurez, hay que dejarse de fantasías, hay que aceptar a los demás como son. Volvamos a la realidad, sigamos caminando.

Para los creyentes nos queda menos para llegar al paraíso.

*Miembro del Club 55

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