20 de agosto de 2017
20.08.2017
EDITORIAL

Mimar el Miño como fuente de riqueza

20.08.2017 | 02:59

El Miño tiene magia y desborda encanto a raudales. La fiesta de su descenso desde Salvaterra a Tui, celebrada ayer, se convierte cada agosto en una jornada de exaltación sin igual del deporte, del esfuerzo y de la belleza. Cuarenta y seis ediciones después, lo que comenzó como un mero divertimento que iniciaron en piragua un grupo de amigos, se ha transformado en una de las pruebas de río más prestigiosas de España. Una cita, como la del descenso en Ourense, con tantas posibilidades por delante que además de acontecimiento social puede contribuir a hacer del río una fuente de riqueza de largo recorrido.

La vertiente deportiva de esta prueba, con la participación récord alcanzada ayer de 400 embarcaciones y más de 500 deportistas de medio centenar de clubes de España, Portugal y Argentina, ha servido para nutrir también el descenso popular, que se celebra paralelamente desde hace siete años, con más de 800 participantes de todas las edades, al que se suma la tradicional romería en sus riberas. Estamos pues ante un complemento ideal para hacer del río una oportunidad de crecimiento turístico más que sumar a toda la riqueza natural de primer orden que atesora.

El éxito de esta celebración se debe sin duda a sus tenaces y esforzados organizadores, el club Kayak Tudense, además de vigente campeón nacional de invierno, todo un referente histórico del piragüismo en España. Los tiempos duros de los inicios dejaron una importante enseñanza: tomando la iniciativa y pasando a la acción todos los problemas tienen arreglo por más obstáculos que surjan. Más allá de la vertiente lúdica, la conclusión también puede aplicarse al potencial económico que la fiesta tiene aún por explotar. Como lo evidencia el torrente de ingresos y el escaparate mundial que supone para Asturias su simbólico descenso del Sella.

Porque el Miño, emblema junto a las rías, las Cíes y otros iconos naturales, de los atractivos de la provincia, de su resurgimiento y su sostenimiento en un mundo rural escaso en posibilidades, puede ser un río de dinero para el turismo activo. Precisamente por ser la suya una historia de éxito todavía muy lejos de sufrir el desgaste de la masificación, tiene esta cita fluvial un gran futuro por delante.

La bajada popular emulando a los grandes de la piragua se lleva la plama, aunque emergen con fuerza otras alternativas turísticas como los descensos de rápidos (rafting, canoarats) y los deslizamientos con tabla (hydrospeed) que han convertido la cuenca en el centro neurálgico desde el que desplegar numerosas aventuras: paseos a caballo, en barco, senderismo, espeleología, submarinismo?

Los negocios que crecen a su vera constituyen un panal de rica miel para fomentar el turismo del interior y perseguir su arraigo más allá de la época estival, la eterna asignatura pendiente del sector en Galicia. Potenciarlos para prestar los mejores servicios, es clave para edificar una oferta profesional, atractiva y armoniosa con efecto multiplicador.

Galicia es de forma natural, sin artificio, un gran parque temático en el mejor sentido de la expresión. Mire uno a donde mire siempre encuentra algo por lo que alguien está dispuesto a pagar. Y esa riqueza, ignota para muchos de los que aquí residimos, tiene una enorme capacidad de atracción. Lo mismo sucede con la fauna salvaje, con el turismo marítimo, fluvial o de bicicleta, o con el enoturismo, por citar casos diversos y complementarios. Y particularmente la cuenca del Baixo Miño es también un diamante en bruto. Si majestuosa es aguas arriba la Ribeira Sacra, el último tramo del río con la joya natural del Monte Aloia, el estuario y la icónica cumbre de Santa Tegra, lo es también.

Bienvenidos sean siempre los turistas a Galicia, donde, a diferencia de otros lugares, no despiertan ninguna fobia. Cómo iban a hacerlo cuando el sector mueve ya el 11% del PIB autonómico y va camino de superar el récord de ocupación de 2016. La comunidad tiene buena imagen como destino vacacional de calidad, alejado de los estándares "low cost", pero accesible también a los bolsillos modestos.

El futuro pasa por avanzar hacia la excelencia, tanto en la franja marítima como en la fluvial, en la costa como en el interior. Crear una marca de calidad en torno al río, con una exigencia en la oferta y en las prestaciones que satisfaga al visitante, lo incite a repetir y añada valor. Porque mimar al turista que valora ante todo el paisaje natural gallego, su arte, la gastronomía y la gente, es la mejor salvaguardia para un sector que ha de dar todavía muchas alegrías.

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