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José Manuel Ponte

inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Solo lo fugitivo permanece

Me regalan un libro que recoge artículos publicados en la prensa por el poeta coruñés Miguel González Garcés que fue profesor mío y luego buen amigo pese a la diferencia de años. La selección de lo publicado corrió a cargo de Xulio Valcárcel bajo el título general, y muy oportuno, de Solo lo fugitivo permanece, expresión que, con ligeras modificaciones, está tomada de un verso de Francisco de Quevedo ("... y solamente lo fugitivo permanece y dura").

Cualquiera que haya tratado en algún grado de intimidad a González Garcés, o al menos estuviese medianamente atento en cualquiera de sus clases de Literatura o Historia del Arte, sabe de su obsesión poética por el paso del tiempo, por lo instantáneo, lo momentáneo y su perdurabilidad en el devenir histórico. Una obsesión que el mismo escritor resume haciendo suya una cita de Jorge Guillén ("Feliz el río que pasando queda") que tiene un evidente parentesco literario con el verso de Quevedo. Por lo demás el libro es abundantísimo en erudición, en amenidad y en estupenda prosa, tres ingredientes que no es fácil encontrar juntos. La temática es de lo más variada. Y va desde una franciscana preocupación por la desaparición por estas latitudes de las golondrinas y de los vencejos ("esa alegría afilada y negra del ala rapidísima está ahora ausente", escribe), hasta la datación de la presencia del gato en el medioevo europeo que él sitúa en una ilustración de Las muy ricas horas del Duque de Berry (1413 a 1416). O pone su mirada sobre la presencia en el cancionero gallego del ciervo ("huidizo, ligero o herido"), un interés que comparte con otro poeta y erudito como Méndez Ferrín de quien cita elogiosamente su obra O cancioneiro de Pero Meogo.

La selección de los artículos de González Garcés que hace Xulio Valcárcel respeta, y ordena, la curiosidad enorme, pero siempre bien documentada, de mi antiguo profesor pero yo echo en falta la serie que escribió sobre Coco Chanel uno de los mitos de la moda femenina. Creo recordar, desgraciadamente no conservo ninguno en mi poder, que pasaban de cinco pero no llegaban a diez. En cualquier caso, acreditan un interés erudito infrecuente y de amplio espectro. Porque transitar con soltura desde la lírica medieval, hasta las vanguardias pictóricas contemporáneas o a la moda de París, no es tarea fácil.

Los que fuimos sus alumnos, buenos o malos, nos aprovechábamos maliciosamente de esa cualidad distrayéndolo con preguntas sobre relaciones inéditas entre asuntos sobre los que no teníamos idea para evitar que nos llamase a dar la lección y nuestra ignorancia quedase al descubierto. "Don Miguel, ¿ el Cantar de los Cantares tiene alguna relación con el budismo? "No -contestaba- pero...". Y a continuación desplegaba bondadosamente un repertorio erudito que consumía buena parte del horario de la clase para satisfacción de los "filibusteros". He pasado unos buenos ratos leyendo los artículos de Miguel González Garcés, entre los que hay alguna mención al jardín romántico de San Carlos, en cuya parte central está la tumba del general británico Sir John Moore, que murió combatiendo contra las tropas napoleónicas. Él residió en ese lugar cuando era director de la Biblioteca Pública del Estado.

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