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Juan José Millás.

El trasluz

Juan José Millás

Pastas integrales

Que seas alérgico al gluten no quiere decir que seas alérgico a Dios. Ni que Dios sea alérgico a ti. Pero implica que no puedes comulgar a menos que te expongas a sufrir un shock anafiláctico. Ha habido iniciativas para hacer hostias sin gluten que el Vaticano rechaza por heterodoxas.

El gluten es obligatorio, aunque sea en pocas proporciones. Basta un ligero toque de esta proteína para que Dios pueda manifestarse en la oblea. Una vez más, ya lo vamos viendo, la importancia de los albuminoides.

Un sobrino mío tomó el año pasado la primera comunión con una hostia sin gluten y sus padres se acaban de enterar de que en aquella forma no se encontraba Dios.

-Parece increíble -me cuentan-, porque el chico sufrió una especie de arrebato místico.

-El efecto placebo -aventuro.

-O que el Vaticano se equivoca y sí estaba Dios -apunta la madre con agresividad.

-Bueno -digo yo-, Dios está en todas partes.

-Está en todas partes, pero a nadie se le ocurre comulgar con un mejillón en escabeche. En la hostia está de otro modo, no sé, eso es lo que nos han enseñado, que en la hostia están su carne y su sangre.

Se me ocurre, pero no digo nada, que para averiguar si el Vaticano se equivoca habría que hacer comulgar a cien personas con hostias a base de gluten y a otras cien sin para comprobar los efectos extáticos en unas y en otras. Pero no estoy seguro de que el método doble ciego funcione en los asuntos de orden espiritual.

-¿Le habéis dicho ya al chico que en realidad no tomó la primera comunión? -pregunto.

-No, y no se te ocurra decirle nada. Se lo diremos cuando tenga edad de comprenderlo.

Después de este intercambio de opiniones, un poco tenso para decirlo todo, los padres del falso comulgante sacan un café con pastas integrales. Al ver las pastas sobre la mesa no puedo reprimirme y pregunto si llevan gluten.

-Dejemos ya el gluten -dice ella con expresión de tortura.

Pero dejar el gluten, pienso para mis adentros, es como dejar a Dios. Es lo que dice la Santa Sede.

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