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La ensoñación de La Mimitos

La Mimitos, primero emperatriz del Abanico por cuenta ajena, y luego reina y señora de la Casa do Patín por cuenta propia, fue la prostituta más elegante y codiciada de A Moureira, entre mediados de los años 40 y mediados de los años 50. A 25 pesetas el servicio, cuando las demás cobraban 15 como máximo, y solo si ella tenía el día bueno y accedía.

Hasta aquí coinciden básicamente los testimonios de quienes conocieron y frecuentaron aquel territorio comanche tolerado por el franquismo hasta 1956. Hay consenso general sobre su estilo incomparable; sobre todo cuando se ponía su mejor vestido, sombrero y guantes, para pasar el reconocimiento médico semanal. Pero de ahí en adelante resulta muy difícil lograr un retrato robot sobre La Mimitos: unos la recuerdan alta y otros no tanto; para unos tiraba a rubia, mientras que para otros era morena, y el color de sus ojos suscita un debate aún mayor.

Celso Emilio Ferreiro ofreció en A Taberna do galo, el último libro que publicó antes de su muerte, su particular ensoñación de La Mimitos, una perla literaria totalmente desconocida. Por algún motivo que ignoro, Sabino Torres nunca habló de este relato de su buen amigo, ni hizo referencia alguna en su libro memorialista As tres columnas, el mejor testimonio conocido sobre A Moureria proscrita, que escribió con su elegancia característica.

Dentro de un apartado de "apodos de putas, pendones y descocados", Ferreiro dedicó un epígrafe a La Mimitos, que identificó como hija de unos campesinos acomodados en Ansemil, un lugar de Celanova que consideró "tierra de mozas ardientes". Según su descripción, seguramente más ficticia que real, era una "rapaza esguía" (delgada), de piernas largas y modos finos. Se descarrió joven como querida del médico del pueblo. Y huyendo de allí llegó hasta A Moureira como novicia en la casa de La Chata.

Celso Emilio vivió en Pontevedra durante toda la década de los años 40 felizmente casado con Moraima. Luego la familia se marchó a Vigo, pero siguió frecuentando esta capital por sus incontables amistades. De modo que escribió con bastante conocimiento de causa, bien directa o bien indirecta.

En su perfil, Ferreiro situó a La Mimitos al final de su vida como "encargada de tapadillo en una casa de los arrabales de Bruselas". Sin embargo, Tata Picó juró y perjuró a Manolo Yáñez que la descubrió como madame de un bar de alterne en la ciudad de Namur.

Celso Emilio se permitió luego la licencia literaria de situar a La Mimitos como una emigrante más en un trasatlántico rumbo a Sudamérica dispuesta a hacer fortuna. Transmutada por la imaginación del escritor en Mimitos Pardo Calderón, usando los apellidos de un padre biológico, que no legítimo, aprovechó aquel viaje para sacar partido y convertirse en amante de Antonio Cogarrán, un rico indiano que retornaba al lugar en donde hizo las américas.

A poco de llegar a su destino, Mimitos se encaprichó de Queitano Pérez Padrón, "Tano" en la intimidad para ella. Un mal día se sintió despechada por un amor no correspondido, realizó una denuncia falsa y le arruinó la vida a aquel pobre, pero honrado y guapo albañil.

Celso Emilio Ferreiro recreó así su particular ensoñación de La Mimitos en un cuento titulado "Extraño intermedio" de entretenida lectura.

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