01 de mayo de 2017
01.05.2017
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Yo. Yo. Yo

01.05.2017 | 02:31

Yo. Yo

No he pasado del tercer capítulo de "Por trece razones". Dejé de verla porque temo que me induzca al suicidio. Demasiado instituto. Demasiado yo. Adolescentes que se juegan su identidad en cada segundo. Cuidado con la ropa, el yo depende de unas zapatillas. Ojo con el peinado, un error puede suponer perder tu identidad. Tu yo ha de manifestarse en el bar al que vas, en el café que tomas en el bar al que vas, en la taza en la que te sirven el café que tomas en el bar al que vas, en la galletita que acompaña la taza en la que te sirven el café que tomas en el bar al que vas, en el esmalte de uñas con las que rasgas el envoltorio de la galletita que acompaña a la taza en la que te sirven el café que tomas en el bar al que vas. Cada foto es identitaria. Cada frase que dices -¡todas las frases que se dicen en "Th1rteen r3asons why"!-, tienen un único subtexto: "¿A que soy muy guay? Eh, tú, ¿no me oyes? Que te estoy diciendo que molo mucho. ¿Qué eres, gilipollas? ¿no te parezco sofisticado, especial, no manejo bien los códigos?? ¡Hazme caso! ¿Por qué nadie me hace caso? Nada tiene sentido". Yo. Yo. Yo. Yo. Yo.

Sólo hay dos reglas en este juego: primera, lo único que importa en la vida es gustar; segunda, lo único que importa en la vida es negar que lo único que importa en la vida es gustar. Desde dentro del juego podemos fingir que no existen las cosas que desde fuera son escandalosamente visibles. Dos y dos son cinco. El sexo no tiene nada que ver con la reproducción. La debilidad es la nueva fortaleza -mejor en inglés: "weakness is the new strength"-. Soy la primera y, que yo sepa, la única persona que existe. Quizá hubo un tiempo en donde unas zapatillas eran unas zapatillas; nadie lo recuerda; ahora unas zapatillas es el yo. Basta con saber manejar tres cosas: la expresión de las emociones, el iphone y a las demás personas. La única alternativa es? un momento, no hay alternativa. Además, a veces se gana. Y si se pierde, sólo se pierde el yo, que de tanto ser todo resulta que ya no es nada. No he pasado del tercer capítulo de "Por trece razones". Dejé de verla porque temo que me induzca al suicidio. Al suicidio por aburrimiento.

www.antoniorico.es

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