29 de abril de 2017
29.04.2017
Crónica Política

La paz

29.04.2017 | 02:58
La paz

Una de las condiciones que, de modo implícito o explícito, se incorpora en estos tiempos a cualquier negociación laboral, sobre todo si contempla un plazo relativamente largo de vigencia en caso de acuerdo, es el del compromiso de las partes a mantener la paz laboral. Porque es imprescindible para que la empresa cumpla sus planes estratégicos y para la plantilla dejar los puestos de trabajo a salvo de contingencias. Y es lógico que así sea porque la experiencia demuestra que la crisis ha servido para que la parte contratante de la primera parte aligerase el coste de la parte contratante de la segunda parte, con un saldo desequilibrado.

Y no se trata de un punto de vista particular o interesado; según cifras oficiosas ya publicadas -y no desmentidas-, las empresas gallegas ganaron en 2016 cuatro veces más que el año anterior y en cambio los salarios medios en este antiguo Reino siguen por debajo de la media estatal. Y aún aceptando que es bueno que exista beneficio, porque ese es el mejor síntoma para mantener el empleo, quizá convenga recordar que su reparto debe alcanzar sin duda a los trabajadores también, precisamente porque eso equivale a asegurar la paz y la justicia sociales.

Viene a cuento, el introito, de la excelente noticia que ayer mismo publicaba este periódico y en la que se daba cuenta de que el conflicto de Pescanova ha llegado a su fin tras una larga negociación y una excelente mediación que permite no hablar de vencedores ni de vencidos aunque sí pone las cosas en su sitio. Y es justo y necesario subrayar que muchos de los datos aparecidos son una síntesis de la oferta patronal, tan meritoria como su reconocimiento y aceptación por los sindicatos, que en algún momento parecieron elegir el monte antes que la llanura.

(Se declaraba "excelente" la noticia no sólo porque pone fin a un conflicto que de radicalizarse y prolongarse aún más pudo haber significado incluso el riesgo de deslocalización para una empresa que no se entiende sin sus raíces gallegas, y porque a la vez marca el camino para el futuro de problemas en otros sectores. Cabría subrayar la sabiduría del refrán que asegura que "hablando se entiende la gente" y hasta podría añadirse con razón que cuando hay voluntad real de entenderse no es excesiva la duración del debate. Y en ese sentido, Pescanova y su plantilla le han hecho otro favor al país y a su futuro.)

Dicho todo ello, y en opinión personal -como siempre- de quien la firma, sería procedente que no se olvidase otro dato: el final feliz se debe a la clara conciencia de una gran mayoría de que tal como están las cosas, desplegar la habitual demagogia de las algaradas respaldadas por muchos que poco se juegan y tácticas propias del sindicalismo de los primeros tiempos hubiera sido suicida. Y una actitud patronal cerrada en banda con inamovibles -e inaceptables- ofertas a la otra parte era un harakiri. Ha primado pues, afortunadamente, la inteligencia. Por fin.

¿Verdad??

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