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Maestro de Educación Infantil y Primaria y Psicopedagogo

Aprendizaje vital

Desde hace unos años es habitual que vayan surgiendo a lo largo del curso diferentes cuestiones vinculadas a temas educativos, cuestiones que se repiten de año en año. Al llegar el final de curso surge inevitablemente la pregunta propia de esta época: ¿Tienen que hacer deberes nuestros hijos e hijas en vacaciones o es mejor que descansen y dediquen todo su tiempo a otras cuestiones?

Recuerdo los veranos que pasaba de niño y no tan niño entre cada uno de los cursos de E.G.B. y B.U.P., y hablando con mis compañeros de colegio de aquellos años, recordamos que en verano no hacíamos absolutamente ninguna tarea académica, salvo aquellos que en algún momento suspendían alguna asignatura y tenían que recuperarla en septiembre. Estaba extendida la creencia de que el verano era para descansar y para disfrutar, fuera de eso no debíamos ocuparnos de nada más.

Actualmente un gran número de profesores, orientadores, psicólogos, pedagogos y psicopedagogos aconsejan que durante el verano los niños dediquen todos los días un tiempo de trabajo a tareas académicas, limitándose éstas con frecuencia a cubrir libros de las editoriales con las que han trabajado durante el curso, vestidos de una aparente frescura vacacional y veraniega, o disfrazados a través de un soporte tecnológico como el ordenador o la tablet. Pero al fin y al cabo más de lo mismo y esto es lo que, por diferentes motivos solicitan también muchos padres y madres.

Si este es el planteamiento, estaremos trasmitiendo un concepto limitado sobre lo que es aprender, centrado en la repetición de tareas y ejercicios, vinculado únicamente a propuestas académicas, con lo que conseguiremos monotonía, aburrimiento, desidia?, algo contrario al objetivo que se pretende, reforzar lo aprendido, e incluso generar una actitud negativa hacia el colegio y hacia el propio aprendizaje.

Cuando se asocia el concepto de aprendizaje a algo cerrado y aislado, se crea instrucción y éste se bloquea. El aprendiz, el niño, pasa a ser un mero saco donde se depositan propuestas con la obligatoriedad de asumirlas y por lo tanto se disocia del proceso de aprender.

Entonces, ¿qué está sucediendo?

Ahora, haga lo que haga una niña o un niño durante el curso, parece que se valora más tarea que eficacia.

¿Tenemos claro lo qué pretendemos con lo que planteamos y si es adecuado? Porque es significativo que a día de hoy, no hay ninguna evidencia que pruebe que los deberes aporten beneficios.

En general, tenemos muy asociado el aprendizaje al modelo escolar dominante, a la educación formal y reglada.

Cuando uno aprende respetando sus ritmos, intereses, necesidades y a través de la experiencia, de la vivencia, del hacer, se convierte en protagonista de su propio aprendizaje y aprender se convierte en algo emocionante, motivante y divertido. Es entonces cuando uno empieza a ser dueño de su propio aprendizaje y de su vida. Y lo que aprende lo aprende para siempre porque lo integra, lo construye uno mismo, lo vive, lo hace suyo.

Los niños aprenden continuamente, y como más y mejor aprenden es interactuando con otros y con el entorno, haciendo, jugando, emocionándose. Hay muchas formas de reforzar contenidos académicos y sobre todo de desarrollar competencias a través del juego y de la experimentación.

Esto no quiere decir que el niño no pueda seguir aprendiendo o relacionándose con contenidos académicos y con competencias desarrolladas y adquiridas en el ámbito escolar, pero esto sería más a través del contexto, del ambiente familiar, de leer, escribir, debatir en familia, crear, discutir valores, visitar museos, hacer excursiones, etc.), que enriquecen más y generan más preguntas, y esa es la base del aprendizaje, lo que generará mucha más retención de contenidos ya que estos serán parte del contexto cotidiano de la vida de los niños y niñas, y no la memorización de contenidos y la repetición mecánica de actividades.

Si a la hora de educar, de enseñar y de aprender, facilitásemos un proceso de desarrollo dirigido a toda la comunidad educativa que permita recuperar a los individuos quiénes son y crecer desde ahí y alentásemos la libertad para que cada uno pueda desarrollar todo su potencial como ser humano, estaríamos facilitando el aprendizaje, la creatividad, la capacidad de pensar, la autonomía y la libertad, a través del propio desarrollo personal y de las relaciones humanas, ¡esto es educar!

Hay un método en Galicia, del que soy conocedor, se llama Artesanía Vital. Es un proceso integrado de desarrollo personal, de fácil aprendizaje, que enseña a emerger y sostener las habilidades, capacidades y aprendizajes propios, en el que quien elabora y construye su propia experiencia y aprendizaje es uno mismo y es aplicable en cualquier ámbito de la vida. Este proceso precisamente cubre todas esas carencias que se dan en el proceso educativo y está dirigido a padres y madres, a profesores, a educadores en general y a niños.

Educar es ayudar a florecer a quien ya está ahí y crear una relación fructífera con el contexto en el que habita. Pensemos y compartamos deberes en esta dirección.

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