01 de septiembre de 2015
01.09.2015

El desfile y la saudade

01.09.2015 | 01:37

China monta un desfile militar asaz impresionante para conmemorar el fin de la II Guerra Mundial y Sara Carbonero tiene saudade en Oporto. Normal. Si los chinos están comprando lo que no está en los escritos, parece lógico que exhiban su poderío por lo militar; por lo civil ya llevan tiempo haciéndolo. Conmemorar el fin de una guerra con una demostración de fuerza tiene algo de contradictorio -podrá argumentarse, faltaría más, que se hace para disuadir a un potencial agresor-. Pero imponer, impone. La fecha tiene algo de pretexto para exhibir adelantos bélicos. Desde luego, una elemental aplicación del efecto escala vuelve irrelevantes las dimensiones del desfile de Pekín. Se entiende que en China todo se hace a lo grande porque, si se hiciera a lo pequeño, no se vería. Y te da te y naranjas que vienen desde China, dice Leonard Cohen en Suzanne. Conmovedor. Cómo se nota que el maestro la escribió en otro tiempo. Ahora viene de China casi todo.

La saudade no. Esa es "made in" Oporto. Se pone de manifiesto cómo toda la avalancha de conocimiento de Internet no ha podido desvelar algo tan simple como que Portugal es muy distinta de su vecina. ¿Te gustan los ruidos de Spain, su ajetreo, su barullo? En Portugal son contemplados con una desconfianza viejísima. La timidez lusa es un arma defensiva frente a los decibelios que les llegan del Este -o sea, de aquí-. La sutileza anglófila que de alguna forma vertebra el humor del país es, como la oscuridad fonética de su lengua, una manera de expresar una voluntad de pasar desapercibido. Viniendo de Madrid, Oporto requiere un proceso de adaptación. Es lo que pasa con las formas de ser: que las virtudes de un sitio acarrean sus defectos y les son tan próximos como en una hoja el haz al envés. Los futbolistas españoles en el extranjero han dejado atrás una forma de vivir en comparación con la cual todo es muermo durante un tiempo. El fútbol globaliza, pero no del todo.

Y a Felipe González le han puesto como chupa de dómine por su llamada al diálogo en una cuestión en la que el diálogo no parece exactamente una insensatez. Cada vez que se tercia posicionarse en una cuestión de Estado, en las filas del PSOE miran de reojo hacia quien antaño fue su líder y hoy los contempla con la silenciosa irritación del profesor que no se ha hecho entender. Le caen insultos encima. Siempre igual; el debate de ideas está muy bien, pero se corta por lo verdulero y a correr. Suzanne te lleva a su casa junto al río, dice Cohen. Si fuera el Duero, quedaría bien.

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